El Armisticio de Compiegne: un mariscal en su tren

Alba Pena Variedades

Por Melvin Bravo | @MelvinBravo

 

A la hora de elegir un destino para conocer, a menudo suele pensarse en los lugares más típicos y concurridos. Compiègne en Francia es una excelente opción para romper con la rutina, uno de esos lugares en los que se piensa cuando decidimos viajar. Situada a 70 Kms al este de París, a esta encantadora ciudad podemos llegar en carro o en tren, un recorrido que puede hacerse en un solo día aunque la ciudad cuenta con varios hoteles, muy cerca de la estación de tren y el centro de la ciudad para quienes deciden pernoctar en ella.

Compiègne es un lugar perfecto para los apasionados por la historia, ya que posee un fuerte componente histórico. Si decidimos la religión como leitmotiv del viaje, podemos visitar el lugar preciso de la captura en esta ciudad de Juana de Arco en mayo 1430, en la cercanía de la plaza del 54 Regimiento de Infantería, lugar donde se encuentra una estatua conmemorativa.

Si la historia medieval y la monarquía son tus motivaciones para viajar, en esta ciudad encontraremos uno de los palacios más lujosos de Francia, el castillo de Compiègne, junto Versalles y Fontainebleau, los tres aposentos preferidos por la monarquía francesa. Louis XIV declaró en su momento: “En Versalles Yo soy un rey, un príncipe en Fontainebleau y un hombre de campo en Compiègne.” El castillo lujosamente decorado está abierto al público, mientras que el parque enorme al lado de él es un gran lugar para caminatas, picnics y hasta pruebas de caballos.

Si buscamos un lugar para recordar momentos claves en la historia de la primera guerra mundial, Compiègne es el indicado. Allí se realizó la firma del armisticio que puso fin a esa guerra. Fue un claro del bosque ubicado al noreste de la ciudad, el lugar elegido para la firma de tan decisivo evento.

Y si además les apasiona la historia ferroviaria, la cosa se pone interesante. Diariamente salen 20 trenes desde Paris Gare du Nord (la principal estación ferroviaria de Francia y una de las mayores del mundo) directamente a Compiegne, el recorrido tiene una duración alrededor de 50 minutos. Y fue en las vías del tren de esta localidad, en un vagón de ferrocarril, convertido el 11 de noviembre de 1918 en un sitio de alto secreto, donde se realizó la firma del armisticio que termina con la Primera Guerra Mundial.

El interés del Mariscal, comandante en jefe de los ejércitos aliados, Ferdinand Jean Marie Foch, por firmar el armisticio en un lugar discreto, sin curiosos y lejos de la animadversión de los franceses, lo hace elegir un vagón del tren utilizado por el, para poner fin a la carnicería de esa gran confrontación. Este tren especial que empleaba a menudo como puesto de mando, fue trasladado a un discreto ramal ferroviario con dos vías paralelas que se había usado para transportar artillería al frente del Oise, en el bosque de Compiègne.

El vagón original, el número 2419 D de la Société des Wagons-Lits convertido en despacho móvil de Foch, fue destruido por un incendio en otro bosque lejano, el de Turingia, donde había sido trasladado desde Berlín tras llevárselo los alemanes en 1940. Según una versión, lo destruyeron las SS por orden de Hitler para evitar que volviera a ser usado en otra rendición.

En efecto, Hitler, consideraba una humillación el despliegue realizado en Compiègne, por lo cual, el 21 de junio de 1940, durante los sucesos de la segunda guerra mundial se invierten los papeles y en el mismo lugar del anterior, el cual ordenó llenar de esvásticas, hizo sacar el vagón del museo que los franceses habían erigido, lo colocaron en el claro, esta vez con los alemanes en los asientos de los vencedores, para que se firmara la rendición francesa. Luego ordenó que el vagón fuera llevado a Alemania.

Una anécdota lamentable tiene que ver con los diez minutos antes del armisticio en Compiègne cuando murió Augustin Trébuchon, el 11 de noviembre de 1918 entre las 10:40 am. y las 10:50 am., aunque el lugar exacto de esta muerte es una incógnita, se sabe que sucedió entre el ferrocarril y el río, también que Trébuchon murió de un disparo a la cabeza y que fue el último francés caído en suelo francés durante la Primera Guerra Mundial. Diez minutos después, a las 11:00 am. entró en vigor el armisticio, el alto el fuego que ponía final a cuatro años de guerra infernal con la victoria de Francia y sus aliados y la derrota de Alemania.

El mariscal Foch, jefe aliado, y los emisarios alemanes firmaron el armisticio en Compiègne a las 5:15am. del 11 de noviembre. En la ribera del Meuse la refriega se prolongó hasta que a las 11:00 am. sonó la corneta que anunciaba que la guerra quedaba en suspenso. Por 10 minutos, Trébuchon habría vivido. ¿Muerte absurda? ¿Heroica? “Ningún soldado muerto por Francia ha tenido una muerte inútil. La calificaría más bien de dramática”, dice la historiadora Carole Marquet-Morelle.

El escenario de la firma de ese sagrado documento era un ramal ferroviario con dos vías paralelas, en una se estacionó el tren del comandante en jefe aliado, de diez vagones, incluido el vagón 2419 D, y en la otra el que llevaba a los representantes alemanes quienes habían realizado un largo viaje cruzando las líneas en coches propios para luego ser trasladados en automóviles franceses hasta el tren dispuesto para ellos. Quiso la casualidad que el vagón-salón del emperador Napoleón III, capturado en la batalla de Sedán, formara parte de ese tren, como sutil forma de revancha sobre la derrota de 1870.

Los cuatro representantes del país derrotado descienden y cruzan los 60 metros que los separan del vagón 2.419 D. Allí se reúnen con la representación aliada y el mariscal Foch. El general Weygand lee las duras condiciones del armisticio: retirada hasta el otro lado del Rhin y entrega de la flota y armas. El secretario de Estado Ezberger se indigna y luego de una larga reflexión y consultas con su Gobierno y la amenaza de Foch de atacar en Lorena, los alemanes regresan al vagón y firman lo que haga falta. Foch se limita a decir “muy bien”, y se marcha.

Finalmente las cosas cambiaron, años después los franceses recuperaron el lugar, reconstruyeron los monumentos destruidos, se edificó el museo actual, en el que se instaló un vagón de la misma serie que el original destruido. En el lugar se han construido otros monumentos y recuperado artefactos para el recuerdo, entre ellos restos del vagón original, como los pasamanos, recuperados en el lugar del incendio en Alemania y el tintero del Mariscal Foch, imperecedero y mudo testigo.

La conmemoración de la Firma del Armisticio de Compiègne no debe ser un asunto sólo entre Francia y Alemania ni una cuestión de vencedores y vencidos. Es un asunto mundial que deja lecciones de cuál debe ser el comportamiento de los estados en cuanto al límite de su soberanía. “Hay que limitar la soberanía de los estados”, dice  el historiador Antoine Prost. “Un estado no tiene derecho a hacer la guerra sin haber intentado resolver pacíficamente el conflicto”.