Billo Frometa y el saxofón de un sastre

Alba Pena Variedades

Por Melvin Bravo | @MelvinBravo

 

Quien escuchaba sus canciones nunca pensaba que aquella inspiración fuera propia de un extranjero en la Sultana del Ávila. Y es que fue Santo Domingo la ciudad que vio nacer un 15 de noviembre de 1915, al eterno enamorado de esta ciudad a la que amó desde su primer encuentro con ella.  Fue un amor a primera vista entre el Maestro Billo Frómeta y Caracas, la de los techos rojos.

DE LA MANO DE SU TIA

Desde muy pequeño demostró que más que en los genes, llevaba la música en el alma;  con la teoría musical y el solfeo como materias pendientes, comenzó por aprender a tocar el clarinete, luego el piano y la guitarra con una tía como tutora, figura fundamental de su crianza y la primera en llamar “Billo”, a quien sus padres, José María Frómeta y doña Olimpia Pereira de Frómeta, habían bautizado Luis María.

ADIOS A LA MEDICINA

A nadie sorprendió cuando abandonó los estudios de medicina para formar un grupo musical; la reunión de Freddy Coronado y Francisco Damirón, estudiantes de Ingeniería, Ernesto Chapuseaux y el Maestro Billo, estudiantes de Medicina, dio como resultado la formación de una orquesta de baile que se denominó Santo Domingo Jazz Band, la cual fue dirigida al principio por Damirón, mundialmente conocido mucho después por su maestría al ejecutar el piano y luego por Billo, al irse el primero a vivir a Puerto Rico.  Esta agrupación fue considerada por el propio Maestro Billo, como una copia de las afamadas orquestas de entonces: la de Rafael Muñoz en Puerto Rico y la Casino de la Playa en Cuba. Es en esa época cuando conoce al pianista puertorriqueño Noro Morales, quien había dirigido una orquesta en Venezuela y  quien prometió conseguirles un contrato.

ADIOS SANTO DOMINGO

En una República Dominicana sometida al régimen de Leónidas Trujillo, Billo  y su orquesta, La  Santo Domingo Jazz Band, reciben un llamado de Venezuela  para amenizar las fiestas de fin de año de 1937. A sus 22 años y llevándose el saxofón que le había prestado un sastre amigo,  Billo y sus compañeros de orquesta parten el 26 de diciembre de 1937 desde el Puerto del Río Ozama, Santo Domingo, a bordo de un barco llamado “Sordwagen”, viajando en el depósito de carbón y alimentándose solo con naranjas, pan y queso.

BILLO EN LA SULTANA DEL AVILA

Llegó a Venezuela el 31 de diciembre de 1937 y esa misma noche comienzan a tocar en el Roof Garden, salón de baile en Caracas, ubicado en el centro de la ciudad. Cada uno de los integrantes de la orquesta, incluido el director, ganaba 73 bolívares. Billo se limitaba a sus actuaciones en el Roof Garden todos los días, menos los lunes, de 10 de la noche a 4 de la madrugada, más el Vermouth Danzante de los domingos entre las 12 del mediodía y las 5 de la tarde. Radio Caracas Radio transmitía los bailes. Al terminar su contrato con el Roof Garden fueron llamados para inaugurar el Sans Souci, una sala propiedad de Roberto Levy y Luis Pisarello, siendo los cantantes Víctor Pérez y Rafa Galindo.

BILLO Y LA RADIO

Para los años 50 la orquesta Billo’s Caracas Boys competía con los grandes de la canción popular como Luis Alfonso Larrain, Aldemaro Romero, Chucho Sanoja, la Orquesta Aragón, la Sonora Matancera y Dámaso Pérez Prado, entre otros. Su primer programa de radio fue A gozar Muchachos, que presentó Radio Caracas a las 5 de la tarde desde el año 1945 hasta 1957. Otros programas radiales que tuvieron a la Billo’s Caracas Boys como atracción principal fueron: Variedades ESSO, Refresco Musical Coca Cola, Fiesta Fabulosa, Hora íntima con Billo Frómeta, Dancing Sociedad, Aplauso al Mérito, La Canción Palmolive, A Gozar Fortuna y Gran Reserva Musical.

BILLO’S HAPPY BOYS, UN IMPASSE DIPLOMÁTICO

Los dueños del Roof Garden y empresarios contratantes, los hermanos Sabal, consideraron impropio el nombre de la orquesta contratada (Santo Domingo Jazz Band) por su asociación con la cruel dictadura que vivían en República Dominicana, por lo que decidieron cambiarle el nombre, optando por el de Billo’s Happy Boys sin notificarlo al maestro Billo. Al saber el representante diplomático de República Dominicana acreditado en Caracas sobre este cambio de nombre, se levantaron protestas desde aquel país.

BILLO, EL TIFUS Y LA GUERRA

El hecho de estar República Dominicana bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y la prórroga consecutiva del contrato obligaron a los integrantes de la orquesta a permanecer en Caracas, adquiriendo cada día mayor éxito y prestigio en todos los estratos sociales del país. Durante la Segunda Guerra Mundial muchos extranjeros fueron expulsados de Venezuela y la orquesta de Billo quedó desmantelada. Habiendo contraído la enfermedad del tifus, todo apuntaba al fin de su carrera y es el 31 de agosto de 1940  cuando completamente recuperado vuelve al Roof Garden, al frente de un nuevo conjunto: la Billo’s Caracas Boys. El resto es una historia de amor entre el cantante y la ciudad que lo vio surgir.

BILLO Y EL ÉXITO QUE COMIENZA

Billo logra consolidar su orquesta como la más popular de Caracas y con sus canciones inventó una nueva manera de escribir las crónicas de la ciudad de esos días.  Su música y el sonido de su orquesta, se adueñaron de las fiestas caraqueñas, cualquier rincón, cualquier personaje, cualquier evento de la ciudad lo motivaban para escribir una canción, el Ávila y sus caminos, el Guaire, Isidoro Cabrera, las incipientes obras del Metro, el cuatricentenario, los techos rojos de los que tanto hablaron historiadores y cronistas.

BILLO Y EL NUEVO NOMBRE

En agosto de 1940, totalmente recuperado de su enfermedad, Billo reagrupa la orquesta y le cambia el nombre a Billo’s Caracas Boys, nombre con el que hace honor a la ciudad donde viviría el resto de sus días. Fueron muchos los músicos y cantantes que pasaron por esta orquesta:   el cubano Manolo Monterrey, los venezolanos Rafa Galindo, Miguel Briceño y Víctor Pérez entre otros. También era la preferida para acompañar a vocalistas de renombre como el tenor Alfredo Sadel, Vinicio Adames, el cantante español José María Madrid, el tenor Marco Tulio Maristany , la cantante cubana Candita Vásquez y la Guarachera del mundo Celia Cruz.

BILLO Y EL VETO

En 1958,  cae el gobierno de Marcos Pérez Jiménez y se inicia una feroz carrera de ataques contra Billo y su orquesta, motivados quizá por la envidia ante su exitosa carrera. Es así que debe enfrentar una serie de demandas y hasta un veto por parte de la Asociación Musical de D.F. y Estado Miranda, prohibiéndole actuar de por vida en Venezuela; se marcha entonces a Cuba donde realiza un corto trabajo musical y graba con una orquesta integrada por músicos de la isla.

BILLO Y SU RETORNO

En mayo de 1960 regresa a Caracas al ser levantado el veto impuesto, que muchos calificaron como una injusticia. Comienza a reunificar su orquesta y en la búsqueda de nuevas voces se dirige a Maracaibo donde contrata al guarachero Cheo García y al bolerista Felipe Pirela, dando inicio a la más larga y exitosa temporada de éxitos que haya conocido orquesta alguna en Venezuela durante el siglo XX. Por doquier se escuchaban guarachas, boleros, danzones, pasodobles y mosaicos, interpretados por estas nuevas voces.

 

BILLO Y EL CINE

En 1938 inicia en Venezuela la era del cine sonoro y el cortometraje Taboga, escrito y dirigido por  Rafael Rivero, fue un musical que contó con la participación de la gran banda Billo’s Happy Boys, por lo que se considera esta pieza como la que dio el nacimiento del cine sonoro en Venezuela, 11 años después del nacimiento del cine sonoro en el mundo.

BILLO Y AGUSTIN LARA

La orquesta de Billo comienza a grabar gracias a un contrato con la discográfica RCA Víctor, con producciones en formato de 78 r.p.m. Es en esa época cuando conoce y se hace amigo del músico y compositor mexicano Agustín Lara, quien reside durante un tiempo en Caracas. Por razones de un contrato firmado en México, Lara sólo podía componer temas musicales de corte romántico, por lo que utilizando el recurso de seudónimos, comenzó a componer temas bailables para Billo’s Happy Boys, práctica que continuaría al regresar a suelo mexicano.

BILLO EL MENTOR

Billo Frómeta impulsó la carrera de muchos cantantes: Rafa Galindo, Víctor Pérez, Manolo Monterrey, Miguel Briceño, Felipe Pirela “EL Bolerista de América”, Cheo García, Memo Morales, José Luís Rodríguez “El Puma” y Ely Méndez, fueron algunos de ellos. Músicos de renombre internacional también salieron de esa gran trinchera musical: Damirón, quien impuso un estilo único con su piano merengue;  el maestro Porfi Jiménez, creador de otra gran orquesta de música bailable tropical, entre otros.

BILLO Y RENATO CAPRILES

Renato Capriles es un joven  músico que en 1958 cuando decide fundar una orquesta  y solicita al maestro Billo, con quien había trabado amistad y quien por la época enfrentaba el veto comercial, arreglos y canciones para el primer álbum de la orquesta Los Melódicos. Billo compone entonces tres temas y arregla cerca de veinticuatro para la nueva orquesta de la que luego sería rival artístico. La agrupación musical se hizo célebre con su lema “La Orquesta que impone el ritmo en Venezuela” y marcó una época en las siguientes décadas, además de imponer canciones que forman parte del repertorio musical del país y de ser el trampolín de destacados cantantes.

BILLO EL EMPRESARIO DISCIGRAFICO

En 1963 decide renunciar al contrato suscrito con la discográfica RCA Víctor y da inicio a su propio sello Fonograma, disquera que representa  además de los destacados vocalistas en la orquesta ya mencionados, a otros como Guillermo «Memo» Morales, Rafael Araque, Humberto Zárraga y Nelson Henríquez. Fue una de las etapas más productivas del Maestro quien no sólo produce sus propios álbumes sino que también ofrece la oportunidad de grabar a artistas nuevos como la soprano Rosalinda García y el intérprete de rock Trino Mora, además de agrupaciones bailables e instrumentales. Finalmente y producto de una estafa cometida por uno de sus socios decide, a inicios de 1968 el cierre de operaciones de su empresa.

BILLO, SU FINAL Y SU LEGADO

Una presentación de 1987 en Santa Cruz de Tenerife le merece el record Guinness por el concierto más multitudinario al aire libre realizado en la Plaza de España de Santa Cruz, con 250.000 personas bailando la misma canción, junto a la cantante Celia Cruz,  en su única actuación con la orquesta. El 28 de abril de 1988 debía dirigir la Orquesta Sinfónica de Venezuela en el complejo cultural Teatro Teresa Carreño, donde se realizaría un concierto en su honor por sus cincuenta años de vida artística en Venezuela. El día anterior, al finalizar un ensayo en el Teatro Teresa Carreño, la emoción le hizo una mala jugada, los músicos de la orquesta, puestos de pie, le ovacionaron largamente y Luis María – Billo – Frómeta se desplomó víctima de una hemorragia cerebral, permaneciendo en coma hasta fallecer el 5 de mayo de 1988.

Fue velado solemnemente en el Concejo Municipal de Caracas y a las diez de la mañana del 6 de mayo comienza el cortejo fúnebre en un carro de bomberos, a lo largo de más de 20 kilómetros, seguido por miles de caraqueños hasta el Cementerio del Este, donde al atardecer de ese día el pueblo emocionado dijo adiós al novio de Caracas… al maestro Billo Frómeta!

 

Con la muerte de Billo Frómeta se cerró una página importante en la historia musical venezolana;  su orquesta animó el espíritu nacional y le enseñó a este pueblo  a querer la música popular nativa y a otros ritmos como la cumbia, el bolero y el merengue. Algunos críticos lo consideran un músico de nacimiento, intuitivo, quien llevaba el sentido melódico y rítmico en sus genes, quien supo captar la idiosincrasia popular en sus diversas composiciones dedicadas a Venezuela y, sobre todo a Caracas, donde residió hasta el final de su vida.