¿Y sí realmente fuese Lobatera, la capital del mundo?

Deportes TLT

Redacción: Fabrizio Cuzzola (@FabriCuzzo22)

Suena ‘Ecos del Torbes’, para todo el Estado Táchira y el mundo. Se corre la vuelta al Táchira y la inconfundible voz de Carlos Alviarez Sarmiento le da la bienvenida con su narración, un orgullo de Venezuela.

Lobatera es un pueblo pequeño, pero lleno de tradición. Pasear por sus calles inspira una mezcla nostálgica de pasado y actualidad, al mantenerse muchas de sus estructuras intactas desde hace varios años. En la Plaza Bolívar el fútbol corre por las venas de los más jóvenes del pueblo, que se juntan para jugar soñando con estar algún día en el mítico Polideportivo de Pueblo Nuevo.

Uno de los primeros pueblos en fundarse, entre sus estrechas calles hay diversidad de climas y colores. Quienes son amantes de las manifestaciones religiosas, espacios como la Iglesia Chiquinquirá o el parque de Padres Carmelitas los llenarán de alegría, mientras que visitar las minas de carbón puede ser un pasatiempo atractivo para quienes buscan un poco más de emoción, a través de actividades como la escalada o el excursionismo.

Cuentan quienes se quedan en el Hotel Piedra del Indio sobre leyendas entre los cerros de Lobatera, como todo pueblo donde los cuentos urbanos prevalecen entre generaciones. A sus alrededores, Michelena, Ureña, Peribeca y San Pedro del Río son lugares fijos en los que se interesa el turismo y -por la cercanía entre todos- puedes ir y venir con relativa facilidad.

Su capital es Borotá, que tantas veces vió pasar la vuelta al Táchira en el ciclismo. De nuevo, volvemos a la voz de Don Carlos que en este punto con el pecho lleno de orgullo hablaba de “Lobatera, la capital del mundo”, una de sus frases icónicas. Puede que no sea el pueblo más grande o moderno, pero a cualquier habitante del mundo podría acogerlo con una sonrisa y la gentileza usual de los andinos. Las ferias en la plaza, frente o en las cercanías de las iglesias son además una oportunidad para -fraternalmente- compartir con gente noble mientras almuerzas una buena sopa.

Don Carlos era de Lobatera, y eso explica su orgullo inmenso hacia este lugar del Táchira. La gente lo espera a él para que haga el usual conteo regresivo el 31 de diciembre, para anunciar el año nuevo porque no solo es el ciclismo lo suyo. Lo vimos en el fútbol y en la memoria de muchos estará gracias al Deportivo Táchira, aunque también en algún momento se le atravesó el baloncesto y sin miedo asumió el desafío de esa narración.

No sabemos si Lobatera será la capital del mundo, pero si alberga a sus visitantes con el mismo cariño que Carlos Alviarez le ponía a sus narraciones, valdrá la pena darle una oportunidad. Ya no estará entre nosotros, pero el recuerdo de su voz prevalece en todos los que tuvieron el privilegio de escucharle.