Vamos a hablar claro: la “culpa” es de “Kike”

Miguel Santana

Días después de consagrarse campeón de la Copa Venezuela 2007 como miembro del Aragua Fútbol Club, “Kike” García se fue del equipo. No llegó a un acuerdo con la Junta Directiva de entonces para permanecer en el elenco aragüeño, retirándose de la escena, y no participando en la Copa Sudamericana 2008, en la única oportunidad que los de la “Ciudad Jardín” han disputado un certamen internacional en su historia. Prometió volver, y fue en Maracay donde por vez primera pudo desarrollar sus ideas como entrenador en Venezuela, luego de haberse hecho un nombre en El Líbano, país donde tuvo opciones de quedarse para dirigir cuadros de importante trascendencia, pero regresar a casa y retarse en el balompié de su tierra, fue suficiente para aceptar dirigir al elenco que con gallardía defendió en épocas de mediocampista con permanente llegada al arco rival.

Enrique García fue campeón con Aragua F.C.

En diciembre del año pasado, llegó con la ilusión de guiar al cuadro aragüeño lo más lejos posible, heredando el timón de una organización que había sido finalista del certamen copero, pero tuvo un espantoso Clausura 2018. Marco Vivas lo acompañó en el proyecto, así como también el experimentado entrenador Erwin Hernández, reconocido en el Colegio San Agustín de El Paraíso; Alfredo Marín, preparador físico; Francisco Castillo, quien también ejerce dicha función y Luigi Palomino, al que le dio la confianza de ser preparador de porteros, luego de desempeñar dicho rol por años en el club. Bien rodeado, su trabajo comenzó a dar frutos, siendo considerados la sorpresa del primer semestre en el actual calendario, aunque en el camino tuviera que sobreponerse a situaciones no previstas, como perder tres puntos en la mesa por impagos al jugador colombiano Jarol Herrera, lo que hizo que, sumando 33 unidades, que en lo deportivo valieron para alcanzar el cuarto puesto del Apertura, debiera conformarse con ser quinto, con 30, cerrando la eliminatoria de Liguilla contra Estudiantes de Mérida en suelo andino, donde tras ir ganando 0-1, un golazo del mexicano Luz Lorenzo Rodríguez fue suficiente para que los a la postre campeones, avanzaran a semifinales. Fue el primer trago amargo de la temporada, aunque lo más difícil apenas estaría por venir.

Kike García aguantó un diluvio

Encontrándose de vacaciones con su familia, a quienes ve por espacio de 15 días en todo el calendario, debido a que hacen vida en Costa Rica, en las redes sociales circuló un rumor que, por situaciones extra deportivas, Aragua descendería a Segunda División. A kilómetros de distancia, aquello preocupó en demasía a un entrenador que creyó haberse quedado con las manos vacías, sin empleo y viendo cómo el esfuerzo de todos se iba a la nada, pero dicha situación fue resuelta por el tren directivo que todavía estaba al frente del conjunto con sede en el Hermanos Ghersi.

Aquí comenzó el calvario de “Kike”, porque aunque ahora todo sea color rosa, hubo que pasar por demasiadas cosas para alcanzar las estrellas. Iniciando junio, los entrenamientos previos al Clausura arrancaron con tres meses de retraso en los pagos de la nómina, y un futuro incierto. Los jugadores, en medio de todo, creyeron a ciegas en su líder, y aunque una tarde llegaron al límite, las soluciones fueron apareciendo. Mary Romero, secretaria de Gobierno y presidenta del Instituto Regional de Deportes de Aragua, asumió como máxima mandataria de la familia aurirroja a petición expresa del gobernador de la entidad, Rodolfo Marco Torres, quien absorbió y canceló las deudas existentes.

Juan García fue pieza clave en el Apertura 2019

Eso no fue todo. Juan García, quien había sido una de las principales referencias ofensivas del combinado amarillo y rojo, se fue a Deportivo Táchira, y Gilson Salazar, entonces segundo ariete más importante, regresó al equipo dueño de su ficha, Angostura, que no estaba dispuesto a cederlo por más tiempo. Sin delanteros de peso, apeló a lo que podía encontrar en el mercado, logrando la cesión de “Chuto” Lugo, que no era tenido en cuenta por Daniel Farías en Deportivo La Guaira y contratando a Guillermo Fernández, autor de tres goles con Deportivo Anzoátegui en el primer semestre.

Con el 80% de la plantilla que trascendió a la Liguilla en los primeros seis meses a disposición, los escollos eran cada vez más grandes: Octavio Zapata, defensor central, se lesionó, y apenas comenzando el campeonato, Rafael Arace, hombre de confianza para el entrenador caraqueño, recibió una importante oferta de Unión Española, equipo chileno al cual partió cumplidas tan solo cinco jornadas, lo que significó un avance en su carrera profesional, pero un duro golpe para el conjunto que defendió por varios meses.

Rafael Arace se marchó a Chile

“Nos reinventaremos con Edanyilber Navas”, declaró entonces García, quien vio en el joven oriundo de Villa de Cura la solución a dicha problemática, y no se equivocó, pues con siete dianas y un desempeño de alta calidad, el juvenil fue la figura de un equipo construido a partir de jugadores cedidos y sangre joven.

Habitualmente, los segundos torneos cortos no habían sido buenos para Aragua, pero ese mito murió cuando la banda de “Kike” mantuvo el rendimiento de cara a la otra mitad. Esta vez fueron séptimos, con 27 puntos sumados, y clasificaron a la Liguilla con suspenso, tras empatar 1-1 ante Metropolitanos en Caracas, y luego de la victoria de Portuguesa 2-1 frente a Mineros en Araure en la última fecha del campeonato regular. Caracas, hoy finalista, fue su rival en la fase que mide a los mejores ocho, y aunque vencieron 3-1 en la ida, la derrota 2-0 en el compromiso de vuelta apagó los sueños de ser campeón, pero avivó la llama sudamericana, pues 57 unidades fueron suficientes para, a través de la tabla acumulada, acceder al segundo campeonato más importante del continente, 11 años después de la primera ocasión.

El futuro de García todavía no está claro

Enrique es hoy rey del imperio que, con lealtad y efectiva comunicación, sus jugadores construyeron. Todos se suben al autobús en la victoria, pero este éxito es únicamente producto del espíritu inquebrantable de un grupo que no bajó los brazos, aún y cuando nadie volteaba a mirarlos. Sin ningún peso en el escritorio gerencial, y cargando con la etiqueta de equipo pequeño en horas de apremio, el trabajo de un hombre y todos los que lo secundan, fue suficiente para que el mensaje llegase como debía ser. De enero a junio hizo mucho con poco, y de julio a noviembre, más con lo mismo. En 2008, fue campeón y se marchó. En 2019, cumplió y lo está pensando. La “culpa” le pertenece.