The baby True

Ilich Suárez

La historia lo dice, la historia lo marca, cada final de torneo es la misma incertidumbre. Ya suena hasta cansón. ¿Cuántos se van? ¿Cuántos llegan y de dónde? Al final, siempre llegaba la resignación mezclada con una lejana tranquilidad por los nombres de las altas y lo que se podía esperar si “revivían futbolísticamente”.
Ejemplos hay muchos, pero destaca uno muy puntual. Aquel Trujillanos que venía del ascenso y contaba con Armúa, Flavio y compañía, que, quizás, fue el último que enamoró a las tribunas del José Alberto Pérez. Luego de ese torneo, entre otros jugadores se fueron Jhonathan Copete y Juan Guillermo Vélez a Zamora, dos bajas que dolieron muchísimo. Pero una “lejana tranquilidad” llegó cuando los suplieron otro par de colombianos, César Alzate y Norman Cabrera, que venían de ser una dupla letal en El Vigía.
Las cosas han cambiado, al punto de que este equipo no puede retener ni siquiera a un jugador de un perfil bastante bajo, pero rendidor como Leonardo Falcón.
La llegada del profesor Nabor Gavidia fue una alegría sin duda para la afición. Cuenta con una reputación intachable tanto dentro como fuera de la cancha. Además, tiene el respaldo de lo hecho con los vecinos: fue parte de una verdadera vuelta a la vida de Estudiantes de Mérida.
Pero en cuanto a los que tienen que ponerse la amarilla y marrón, la realidad es otra. Esta vez, y con todo el respeto, no queda la esperanza del “revivir”, pues la actualidad de los jugadores entrantes con los salientes tiene una diferencia tan larga como la distancia entre Monay y La Puerta.
En cuanto a lo futbolístico el caso más grave es el arco. Salieron Luis Terán y Luis Rojas, este último con más de 200 partidos en primera división. Los dos porteros convocados para enfrentar a Táchira llegaron con el “coco raspao”, señal de experiencia cero en Primera, ni un minuto. Una cosa es dar oportunidad a los chamos, otra es jugar ante tu rival, en la casa de tu rival, con el que era el portero de la sub-20 de tu rival. Da miedo. Y aunque el chamo no lo hizo mal, es evidente que Trujillanos necesita un portero de experiencia con carácter de URGENCIA.
Si vamos a lo simbólico, lo de la cinta de capitán es algo que irrita solo a los entendidos. Y de nuevo, con mucho respeto, le vimos portar la banda a Leo González, “Tute” Valiente, Marcos Mathías, Leonardo Lupi, Yohan “Cabra” Salas, Mayker González, “Kojac” Álvarez, entre otros. El que entiende sabe que no es cuestión de tener más partidos en Primera que el resto (aunque sean pocos), sino de algo que va más allá, que representa la raza de portar algo sagrado para los trujillanos.
El profesor Gavidia ha dicho que es un hombre de retos y que está seguro que “con lo justo y con Dios se puede meter en liguilla”. La pregunta es: ¿tiene por lo menos lo justo? ¿Está contento de
tener que jugar con un portero de 0 minutos en primera?
En el debut ante Deportivo Táchira, seis jugadores se vistieron por primera vez de aurimarrón y los otros cinco no pasan de 21 años. Debe ser la plantilla más corta y joven de los últimos 10 años, sin duda.
Lo dejaron todo el Pueblo Nuevo, no se puede negar. A pesar de que sobre el final Trujillanos pudo descontar y hasta empatar, la realidad durante los 90 minutos fue otra. Con poco, el cuadro aurinegro lució muy superior a los guerreros. Hasta en lo físico la diferencia era muy notoria, Trujillanos parecía un equipo juvenil.
Este fútbol es de oportunidades, más en la situación actual del país que deriva en la austeridad de muchos equipos, pero ahora parece más fácil jugar en primera división si sumamos la locura de los 20 equipos.
Por fortuna, aún hay chance de que pueda llegar un portero de experiencia y algún extranjero que refuercen a esta novel plantilla. Más allá de que haya o no descenso al final de la temporada, el deseo de la mayoría es ver un equipo que compita.