Teresa Carreño prodigio del piano que no muere

Beatríz Pellegrín

El destacado talento de la pianista Teresa Carreño, sigue vigente a 102 años de su desaparición física el 12 de junio de 1917 en New York.

Su formación comenzó a corta edad de la mano de su padre Manuel Antonio Carreño, quien no dudó en otorgarle las herramientas para hacer crecer sus destrezas.

Con tan solo 9 años realizó su primer concierto en la sala sala Irving Hall de Nueva York, en el que su talento quedó en evidencia desatando buenas críticas que la llevaron a realizar varias presentaciones una de ellas en la Casa Blanca, de Estados Unidos frente al presidente de ese momento Abraham Lincoln.

A los 13 años Teresa, se codeaba en París, con compositores Rossini, Gounod, Maurice Ravel, Claude Debussy y Vivier. Además, un virtuoso con Franz Liszt, quien no dudó en expresar su asombro ante las destrezas de la niña.

Su éxito era proporcional a sus destrezas llevándola a recorrer el mundo, y visitando Venezuela dos o tres ocasiones, en su vida. De su enlace con Giovanni Tagliapietra tuvo sus tres hijos: Lulú, Teresita y Giovanni.

Fue durante la preparación de su gira por Sudamérica, y estando en Cuba tras la presentación con Filarmónica de La Habana, cuando presentó parálisis del nervio óptico, que por recomendación médica, la lleva a cancelar todo y volver a New York, donde pese a los cuidados fallece.

Su sepelio estuvo lleno de celebridades de la música clásica. Su restos fueron cremada y sus cenizas traídas a Venezuela tal cual los pidió, las que reposan en el Panteón Nacional .