Sobre un “paple de estrella” te escribo feliz cumpleaños

Miguel Santana

Estoy por terminar el último lapso del año escolar y aunque me han asignado leer “Casas Muertas” de Miguel Otero Silva, para presentar un examen este lunes primero de julio de 2002, decidí prestarle más atención a ver la final del Mundial. Te confieso que es primera vez que esto me pasa, pero estoy claro de las consecuencias de esta decisión. Puede que no obtenga una buena calificación y termine mis estudios de sexto grado con nota negativa, ¿qué más da? Me gusta andar contigo, así que no despreciaré tu invitación a salir para ver el juego en pantalla grande. A fin de cuentas, tú no tienes idea que mi maestra es fastidiosa.

Que buen equipo tiene Brasil, ¿verdad? Me agrada la pegada de ese tal Roberto Carlos, el tipo que corre como si fuese una moto recién salida de la agencia; Ronaldinho, el de pelo largo, sí que le mete nivel a todo, ¿y qué me cuentas de Ronaldo? Parece ser la estrella del grupo. Todos hablan de él. De Alemania no sé nada. Tienen nombres raros y viven lejos de aquí. ¡Vamos Brasil!

Chamo, tenías razón. Estos amarillos de verdad son increíbles. ¿Por qué no vi esto antes? Igual, te agradezco que me lo hayas mostrado y que lástima que te vas. ¿Por qué siempre estás poco tiempo? Bueno, no importa. Calidad le gana a cantidad, así que cuídate, cuida a mi mamá, que se va contigo y avisa cuando lleguen, mira que tienes un celular nuevo, que es demasiado pequeño. Te quiero mucho.

Y entonces ahí, nació mi pasión. Todo el tiempo haces lo mismo: llegas, algo me enseñas y después, quedo con ganas de ver más. ¿Existe un equipo llamado Real Madrid? ¿Quién es David Beckham? ¿Dónde juega el peludo brasileño? ¿Qué es Barcelona? De la noche a la mañana, la pelota todo va respondiendo, pero a su vez me hipnotiza, porque en 12 años de vida, nada me ha gustado más que esto.

Voy un rato a Calabozo, por cierto, cerca de Ortiz, donde yace Carmen Rosa, llorando la partida de Sebastián. Por suerte, respondí bien dos de las tres preguntas que me hicieron, así que no me fue tan mal como pensé. Lo que jamás pasó por mi cabeza es que me recibieras en tu casa con dos canchas portátiles y un balón. ¿Qué quieres, meterme esto por los ojos? ¡Es fascinante, de verdad! Gracias por el detalle, identificado con Coca-Cola de principio a fin.

Sigo pensando y ahora pregunto: ¿A qué equipo debo irle? ¿Con cuál me identificaré? ¿Qué tan complejo es esto? Tal vez tarde años en entenderlo, aunque confieso que todavía nada sé. Valoro cada minuto de tu tiempo, porque son segundos de aprendizaje. Eres diferente, porque te basta ser preciso para mostrarte completo. Nunca te ha sobrado el tiempo, lo que demuestra la importancia de ese factor. Llegas tarde porque trabajas mucho, así que me quedaré despierto, para poder hablar contigo.

Escribe el niño cuya vida cambiaste, querido hermano. Estas letras marchan al ritmo de cada recuerdo, con tu influencia, homenajeada en lo aquí expresado. No sé si sabes que por tu culpa me gusta el fútbol, aunque entienda que a ti no te encante demasiado. ¿Recuerdas la vez que, pasando unas vacaciones en Ciudad Ojeda, me llevaste al “Pachencho” Romero, cuando te pedí ir a ver un amistoso del extinto Unión Atlético Maracaibo contra Junior de Barranquilla? No se me olvida el 4-2 de un equipo nacional que entonces daba de qué hablar. Todo era ilusión y plena felicidad. ¡Que agallas tienes! ¿Y tus cosas? ¿Y tus ocupaciones? Las remataste al arco y decidiste ir a ver algo de lo que nada sabías y que ni siquiera era de tu agrado, solamente por complacer al muchacho loco que veía el resumen del fútbol paraguayo en Fox Sports a las tres de la mañana, haciendo ruido. “¡Vete a dormir, coño!”, decías.

Para explicarme las cosas, siempre encontraste la forma. Una vez, en la Lara-Zulia, pusiste una canción de Miguel Ríos con Joaquín Sabina y dijiste “vas a escuchar a Zidane con Ronaldinho en cancha” y nunca antes algo fue tan cierto. “Aves de Paso” es exactamente, un pase quirúrgico de Zizou a Henry con Dinho mirando, en un Francia 1-0 Brasil. Fue en cuartos de final de Alemania 2006.

La primera credencial vinotinto que me dieron, que coincide con el retiro del mejor jugador que ha tenido nuestro país, Juan Arango, en un partido que comenté, es tuya. Nunca será parte de mi colección, porque está en el lugar donde debe: tu casa, a la que llego con el mismo deseo de escucharte, esta vez con más admiración.

Eres acero al plomo, haciendo más con lo mismo. Estás aquí y en la pequeña máquina que ves en algún lugar de la UCV, que te ayudó a ser tesista brillante. Eres el orgullo que entrelaza mis manos para llevarlas al rostro mientras pienso en la dicha que significa ser, nada menos que tu sangre. Cada paso que des, se parecerá a aquel doblete de Ronaldo: algo para la historia. Tú, eres un campeón.

Pasaron 18 calendarios desde aquel 31 de junio de 2002. Sonaron miles de temas, escritos sobre un “paple de estrella”, que compartimos entre dos corazones. Estamos “En la Ciudad de la Furia”, nos darán “Las cuatro y diez” y yo te diré que “De alguna manera” “Pasaba por aquí” para algo sobre ti decir. Algún día, trepando “El dulce abismo”, un abrazo te daré, me pondré de nuevo aquella chaqueta azul, algún partido veremos y luego, te desearé un feliz cumpleaños.