Rómulo Hidalgo, la historia del chef que encontró su pasión por un castigo

Miguel Santana

De algo no tan bueno, nacen grandes oportunidades, y es así como interpretan la vida aquellos que saben marcar diferencia con el error en su punto de partida. Rómulo Hidalgo es moderador del programa La Alquimia del Chef, que todos están acostumbrados a ver en La Tele Tuya de lunes a viernes a las 10:45 de la mañana, pero pocos habrían imaginado que la pasión por cocinar nació de un difícil episodio en su vida. Tenía 13 años y estudiaba séptimo grado de Bachillerato, cuando por dos materias no aprobadas, debió repetir el año. ¿El castigo de su madre? Pedirle que hiciera el almuerzo todos los días. ¿Su resultado? Formar a uno de los mejores profesionales de la cocina venezolana.

Nació en Caracas, pero debido a cuestiones de trabajo, con tres años se fue a Mérida, ciudad donde creció entre risas, un agradable clima y amado por su familia. No había algo más placentero que andar en bicicleta por las calles andinas, comiendo níspero y recogiendo naranjas en los campos. Se trataba de un niño inocente, sano, alegre y por encima de todo, protegido por sus padres. Nada anormal para una familia con valores, tradicional y creyente del trabajo como premisa de trascendencia. Pero el chico fue creciendo, hasta hacerse hombre, siempre con un particular gusto por estar en la cocina, en parte porque nació con aquello y porque su madre le inculcó responsabilidades en el hogar.

“Ella decía que la mujer no era la única que debía cocinar, así que mi papá, mi hermano y yo, la ayudábamos. En mi familia siempre se cocinaba bien y éramos críticos de la comida. Había esa magia para inventar, disfrutar y sentir que más allá de cocinar, estábamos haciendo una obra”, expresó de entrada, disipando dudas acerca del porqué es la persona que conocemos.

El punto de inflexión vino con una mala noticia: “repetí en el liceo y cuando mi mamá se enteró, me castigó poniéndome a cocinar. Todos los días dejaba en la nevera un papel pegado con un imán, que tenía el dinero y la orden de lo que debía comprar. Ella sabía que iba a tener mucho tiempo libre porque solamente cursaba dos materias, así que me puso a hacer eso junto con mi hermano, que también había repetido. Fue ahí cuando me di cuenta que de verdad eso era lo que quería para mi vida e incluso, pedí que me compraran un libro de receta y comencé a leer sobre varios temas”. Más nunca vivió la experiencia de rezagarse en su carrera educativa, pero sí inició el trayecto con dirección a materializar sus sueños, aunque fácil no fue.

Con 16 años comenzó a trabajar de cocinero, a pesar que sus padres no estaban para nada de acuerdo con eso, pero lo dejaron ser. Fue el chef Pedro Nedder que le dio una oportunidad en su restaurant, quedando sorprendido con las habilidades de aquel joven creativo, que cada día superaba todas las expectativas. A pesar de ello, los papás de Rómulo no estaban convencidos.

“Me tuve que ir de Mérida, a trabajar en Margarita y luego en Caracas. No estudié en esos siete años de arduo trabajo, hasta lograr que mis padres entendieran que sí se podía triunfar con esta carrera. Eso me llevó siete años, y ahí fue cuando decidieron darme la oportunidad de estudiar en Francia. Estuve en Europa, me formé como profesional y volví al país”, dijo.

Una vez de vuelta a Venezuela, exhibió el fortalecimiento de sus conceptos al momento de trabajar, convirtiéndose en uno de los profesionales de la cocina más reconocidos del territorio nacional, pero por aquel entonces, en su cabeza no merodeaba la posibilidad de hacer un programa, ni de manejar cámaras. Solamente, tenía el deseo de poseer sus propios restaurantes y ser un tipo feliz.

“Un día, Susana Duijm me invitó a un programa en un canal llamado TeleCaribe. Asistiría a una entrevista para hablar de cocina y cuando llegué, la verdad fue que quedé impactado. Sentí que lo hice bien, así que quise seguir asistiendo y empecé a pensar en un proyecto para mostrar algo en lo que la gente sintiera que nos estamos acompañando mientras cocinamos”, agregó el chef.

La Alquimia del Chef no es un nombre atribuido a su autoría. Ese programa era conducido por Pedro Nedder en un canal con sede en territorio merideño y cuyos derechos fueron adquiridos por una planta televisiva nacional en 2006. Hubo cambios y el elegido para realizarlo fue Rómulo Hidalgo, a quien llamaron mientras esperaba que un semáforo cambiara de rojo a verde mientras hacía unas diligencias cerca de su casa. Nunca olvidará cómo fue todo aquella vez.

“Me llama un amigo, que era productor de televisión y me dice ‘Rómulo, ¿te quieres ganar 50 mil bolívares?’. En aquel momento eso era un dineral, así que le pregunté que a quién debía matar y fue ahí cuando se dio la propuesta. Pedro siempre fue para mí un maestro, que me abrió puertas. Lo considero una de las personas a quienes más admiro en este mundo”, develó, comenzando un camino que hasta ahora sigue mostrando episodios.

Karlos Arguiñano es también uno de sus referentes, porque desde niño ha visto su programa, hasta el punto de emular ciertas cosas dentro de propia programación. Rómulo sueña con llegar a la edad de este mítico cocinero haciendo televisión, que, en medio de tantas cosas, se convirtió en otra pasión.

Y luego de 14 años mostrándole su arte al país, llegó la oportunidad de realizar producciones con TLT La TeleTuya, canal al cual ingresó luego de sostener cinco reuniones con el empresario Esteban Trapiello, quien confió en su talento, siendo actualmente uno de los tipos más vistos en los hogares nacionales.

“No sé si fue por insistencia o porque de verdad vio algo bueno en mí, pero después de haber negociado cinco veces, llegamos a un buen acuerdo para que TLT fuese mi casa. En el canal me siento bien, cómodo, tranquilo, porque me tratan con mucho respeto y hacen sentir que soy uno más de la familia. Espero seguir estando aquí por muchos años y lograr grandes cosas”, expresó.

Venezuela tiene gente buena, trabajadora, que busca avanzar mientras con poco, hacen mucho. Rómulo Hidalgo es el mago de la cocina, que, con materiales de bajo costo, realiza creaciones de alta exquisitez. Es un tipo cuya pasión nació de una situación que en su momento lamentaba, pero que ahora no cambiaría por nada si tuviese la posibilidad del tiempo regresar. Su conexión con la gente es un punto de encuentro en las mañanas, cuando quienes lo miran tienen un amplio repertorio de creaciones para cocinar con estilo.