No siempre moneyball tiene la respuesta

Fabrizio Cuzzola

El béisbol ha cambiado mucho con la llegada de las estadísticas. Los Dodgers de Los Ángeles se consagraron este 27 de octubre como los nuevos campeones de la Serie Mundial, luego de 32 años sin alzarse con el título y tras imponerse 3-1 a los Rayos de Tampa Bay, en un sexto juego definitivo que dejó una moraleja importante para la historia del deporte: No siempre moneyball tiene la respuesta.

Primero que todo, recordemos que ‘moneyball’ es el nombre de la novela que cuenta la historia de Billy Beane, gerente general de los Atléticos de Oakland, quien utilizaba las estadísticas avanzadas para fichar jugadores. En un universo mucho más amplio, se descubrió que los números eran bastante útiles para predecir lo que podía hacer un equipo en un diamante de béisbol. De pronto, el deporte pasó a jugarse también en la oficina con calculadoras y fórmulas de efectividad o probabilidades.

Parte de esas ‘nuevas reglas’ no escritas que nos enseñó Moneyball y las estadísticas aplicadas al béisbol es que un lanzador comienza a perder su efectividad cuándo enfrenta por tercera vez a la alineación del equipo rival. Es por ello que Kevin Cash decidió -al quinto inning y tras recibir apenas dos hits- sacar a su lanzador Blake Snell para darle ingreso a Nick Anderson. En apenas seis lanzamientos, los Dodgers lograron darle la vuelta a la pizarra y de perder 1-0 pusieron el juego 1-2 a su favor.

La lógica que los llevó a la final

La decisión de Cash no es inesperada, aún tras la gran actuación de Snell. A lo largo de toda la temporada regular de Major League Baseball, solo Tyler Glasnow pudo alcanzar los seis innings en dos oportunidades por lo que seguramente la alineación de los Dodgers y los seguidores de Tampa Bay sabían que podía salir, a pesar de haber permitido tan solo 2 hits y repartido 9 ponches esa noche.

No se le puede criticar a Cash por seguir la fórmula que lo llevó a una final de la Serie Mundial, pero si A. J. Hinch y Terry Collins hubiesen pensado igual no habrían hazañas como los no-hitters de Justin Verlander o Johan Santana. Aunque Snell es un pitcher con tendencia a descontrolarse con el paso de los innings, realmente parecía que podía continuar con el juego y mantener a raya a la defensa angelina; en una situación donde se decide con la intuición, el mánager decidió en base a la estadística.

La decisión que si podría criticarse es la del ingreso de Nick Anderson, un pitcher que -si realmente sigues las estadísticas- no era el indicado para relevar a Snell, tratándose de un lanzador con el récord negativo de recibir al menos una carrera por cada entrada lanzada.

Bien o mal, Dodgers es campeón y Snell no pudo ocultar su descontento al salir. Quizás no siempre Moneyball tiene la respuesta correcta, pero en su lugar resulta bastante complicado cambiar tu fórmula ganadora justo en el partido que lo define todo, por bien que vaya una actuación individual.