Nada fue casual: en 30 años, el arte de Azar es planificar

Miguel Santana

No cabe un alma en el Nuevo Circo, es 18 de enero de 1965, y Carlos “Morocho” Hernández está listo para hacer añicos al estadounidense Eddie Perkins. El criollo le da hasta con el tobo a su contrincante, y ante la algarabía del público presente, nace el primer Campeón Mundial de Boxeo en Venezuela. Dos días después, Caracas fue testigo del primer Juego Estelar de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, que ganaron las Estrellas del Centro a las del Estado Zulia por pizarra de 5-3. No todo es color rosa, porque un grupo de guerrilleros, el 27 del mes, incendiaron una fábrica de calzado, dejando perdidas que se calcularon en un millón de bolívares. Madre querida, que duro.

Hernández se consagraba ante el país

Todo eso está transcurriendo mientras Hedna amamanta a su hija, quien acaba de nacer en la Clínica Razetti. La pequeña no ha parado de llorar, y lo que su madre no entiende es que ella se unió al fervor del inolvidable combate que por aquellos días inundó de alegría al país. Por su sangre avanza el ADN deportivo, descubierto en las razones del por qué preferir al estadio ir, en vez de en casa permanecer.

La pequeña María amaba el deporte desde que nació

Al tiempo, la música de Frank Quintero retumba camino al liceo, y aquella rebelde quinceañera, no se encuentra entre rezos y Educación en la Fe. Su gran reto de esas veces era hacer frente a las materias más difíciles, para de esta manera zafarse rápido de responsabilidades y arribar a su lugar favorito, donde, como paradoja de vida, disfrutaba presenciar las discusiones de sus padres, que nada tenían que ver con convivencia marital, sino viendo a uno convencer al otro sobre qué equipo era mejor, si Magallanes o Caracas. En el Colegio San Ignacio la vieron más de una vez, acompañando a su cómplice de caimaneras, Oswaldo, hermano mayor, y  a sus primos, con quienes disfrutaba esos inolvidables partidos de alto ritmo, que forma daban a las inmensas tardes, abrazadas con El Ávila. Todo fue perfecto, tanto que decidió caminar para siempre con rumbo al inagotable universo deportivo. 

Siempre hubo un lugar favorito para pasarla bien

“Cuando me llegó el momento de decidir qué estudiar, tuve el honor de obtener un cupo asignado en la UCV, pero no por ser la mejor estudiante del colegio, sino porque mis papás trabajaban en la Universidad”, aseveró la protagonista de mil historias, una dama de hierro, por sus formas y esencia. El rostro de María Alexandra Azar es familiar para quienes alguna vez trabajaron en la televisión deportiva venezolana, y conocido cuando suena en los odios que detrás de la pantalla disfrutan su toque. Ha pasado por diversas plantas televisivas, y en todas, una huella dejó.

Ella quiso trabajar desde joven, pero la estricta disciplina de sus progenitores supuso el primer gran escollo. Nabija Azar, consentidora abuela, entró en escena para, con argumentos convincentes, contribuir al sueño de una adolescente que claro tenía lo que quería, y fue así como en Radio Caracas Televisión, dio sus primeros pasos. Hizo de extra en dos series sobre el presidente Rómulo Gallegos, exhibiendo talento sobre el escenario con un vestuario que hoy recuerda en la nostalgia de su larga risa, hurgando entre recuerdos, para de cero volver a empezar mientras arma la portada biográfica.

Azar siempre creyó en su talento

“Las grabaciones terminaban tarde, y como una vez llegué a mi casa a la una de la mañana, mis padres me estaban esperando en la puerta con una correa. Ni siquiera pude hablar, porque me regañaron fuerte por estar metida en el mundo de la farándula”, recordó, entendiendo que, a pesar de las maneras de antaño, rendirse nunca fue opción para alguien acostumbrada a recomenzar.

Entonces, solo meses más tarde, hacen un llamado desde Radio Caracas Radio solicitando pasantes, y en la terca cabeza de María solo había espacio para pensar en acercarse a lo que ama. No olvida que hizo parte de un proyecto llamado 100 horas por la juventud, que significaba trabajar dicho tiempo de manera continua. Nuevamente, volvieron los padres a ser parte del cuento, pero esta vez bajo un rol de protectores para la época, llevando y trayendo a la niña de sus ojos, quien tuvo maestros como Ramón Mata, Julián Isaac y Alfredo Mena. Con la universidad de paro, no había problema en pasar siete meses aprendiendo tanto como fuera posible.

Con 24 años, ingresó a Televen, cuando 1989 presentaba al país los XI Juegos Bolivarianos, desarrollados en la calurosa ciudad de Maracaibo. Venezuela, Colombia y Perú luchaban por las medallas bajo el abrasivo sol zuliano, y mientras era inaugurado el Hotel Eurobuilding de Caracas, Carlos Ochoa, presidente del entonces casi naciente medio nacional, le abrió una puerta para que habilidades demostrase. “Mi meta era lograr entrar en Teledeportes con Max Lefeld, pero no fue fácil, porque esa gerencia estaba completa. Hicieron un examen para escoger un asistente de producción en Dossier con Walter Martínez, y cuando fui elegida, pensé que estaba eliminada, porque no sabía nada de noticias internacionales, ni satélites, ni frecuencias radiales. Solo le caí bien”, dijo.

¿Rendirse? Eso palabra no existe en su diccionario

Exactamente, a las 11 de la noche, hacía contacto con la almohada, para nuevamente, a partir de las nueve de la mañana, regresar al trabajo. Fueron tantas las lágrimas derramadas por cada regaño, que tirar la toalla alcanzó a ser opción, pero el sol salía al ritmo de cada aprendizaje, y aunque su jefe un día la invitó a suicidarse en la Plaza Roja de Moscú, terminó por aferrarse al reto hasta convertirlo en prueba superada. El apodo “tuerta” surgió de aquel ciclo, cuando Vicente Calandriello así la llamó por asistir al hombre que durante años un parche ha usado. Dossier, ese programa particular, fue una querida, contaminada y única nave espacial, donde viajó como copiloto y creció, mientras ingresaba en cada hogar desde el silencio de su conocida eficacia.

“Aprendí cosas que después me sirvieron mucho, principalmente a darle valor a los detalles, para saber cuánto cuesta un segundo en televisión”, aseveró la hoy referente del periodismo deportivo, quien justamente, tras haber culminado su proceso en aquella programación, comenzó a ser asistente de producción para personajes como Carlos Croes, Aníbal Sánchez y Valeriano Humpierrez, abarcando diferentes tipos de contenidos en varios cortes. Su primera pauta en exteriores fue un musical en Maracaibo, ciudad donde incrementó la pasión por su vocación.

Solo nueve meses duró su matrimonio

Como en casa todos estaban tranquilos, porque la veían entregada a una labor que después convirtió en razón de ser, el río de la vida desembocó en un mar de retos, no sin antes probar suerte con un amor que duró tan poco como el tiempo extra del partido que vas perdiendo. María se casó, con alguien quien por escasos nueve meses estuvo dispuesto a aguantar el ritmo de una campeona. Ya bastaba de ataduras, y así fue como entendió que en su corazón solo había espacio para andar sin en alguien pensar. Se divorció, superando eso tan rápido como un gol de camerino.

“Cuando fui a firmar los papeles, me acompañaron cuatro camarógrafos. Nunca me adapté a convivir en un mismo techo con mi esposo, y después de ese episodio, me llegó la tan ansiada oportunidad de trabajar en Deportes, cumpliendo un año y medio en Televen”, agregó, sabiendo que eso marcaría el comienzo de una travesía sin fecha de caducidad, porque, aunque muchos abriles hayan pasado, todavía siente la sensación de una novata al frente de su anhelo.

Su admirado Lefeld la pidió para el equipo, y aceptar representó perder el habla de Walter Martínez. Una vez más, fue asistente de producción, hasta que pudo mostrar su criterio en pantalla con el pasar del tiempo, en gran parte, por todo lo aprendido estudiando al mundo. Su mano se notó en cada disciplina, enfrentándose a hombres con amplio recorrido en la fuente, como Héctor Cordido y Carlos González. Entre el baloncesto profesional, Grandes Ligas, Fórmula 1 y noticieros deportivos transcurrió cada calendario, enamorándose perdidamente de una profesión que considera única.

El mundo recorrió en búsqueda de noticias

No había nadie como la reina del cuaderno depredador de errores. Tan fuerte era que, frente a su rostro, todos decían sí ante cada idea propuesta, a la postre realidad dentro de la caja. Luchar sin descanso era una máxima, incluso contra el tipo que a la fuerza ingresó a su habitación del hotel, donde tuvo que batallar con la ayuda de trabajadores que gritos oyeron y ahí aparecieron. “Por un enfermo sexual fui apartada de mi trabajo”, murmuró. Y fue así como, una vez más, tuvo que retarse para rendir en las Elecciones Presidenciales y haciendo micros a la hermosa Bárbara Palacios. Luego ocurrió lo inevitable: al trono deportivo volvió a sentarse, de regreso a su lugar natural.

“Con satisfacción, puedo decir que implementé estilos en producciones deportivas, consiguiendo que nos enviaran a Series Mundiales, PayOff de la NBA y carreras de Fórmula 1, con un equipo de trabajo que le dio otro lenguaje al béisbol y baloncesto. Después, conseguimos tener los derechos de las Ligas de España, Italia y Portugal, aunque en principio no era tan amante del fútbol. Realizamos un Mundialito Sub.15, en el cual teníamos como narrador a Richard Méndez y a Pedro Febles de comentarista. Para la Eurocopa, conté con Andrés Salcedo, Carlos Horacio Moreno, Cristóbal Guerra, Daniel Chapela y con dos muchachos, que eran Edgardo Márquez y Octavio Sasso”, describió, resaltando la labor de talentos que contribuyó a formar.

En Meridiano Televisión realizó diversas transmisiones

Por la Avenida Rómulo Gallegos transitó miles de veces, materializando metas que cada vez eran más grandes, hasta que, en 2005, una decisión gerencial de no pasar más deportes en el canal, combinada con una oferta de Meridiano Televisión, hizo que mudase sus sueños a San Martín, donde en principio no caló como quería por su fuerte carácter, para después dejar que los hechos hablasen con ruido.

“Andrés Salcedo y ‘Beto’ Perdomo me apodaron ‘la dama de hierro’ porque decían que era inagotable y demasiado estricta”, confesó, demostrando que lo mejor estaba apenas por venir, porque cada día aprende algo nuevo para acercarse a la excelencia en su estado más real. María Alexandra Azar, incluso, fue productora de Ernesto Jerez, quien no le dice a cada inatajable pelota.

“Meridiano Televisión fue mi post grado, que me permitió crecer muchísimo como persona y profesional. Ahí seguía al lado de mi ‘bombo’, el narrador a quien más he querido, sin dejar a un lado a grandes profesionales con los que he tenido la oportunidad de compartir”, se sinceró, haciendo referencia a una persona que, desde su partida a las estrellas, dejó un gran vacío en un corazón que del diamante más no quiso saber. De los entrenadores Richard Páez, César Farías y Carlos Fabián Maldonado mucho aprendió en transmisiones mundialistas, considerándolos importantes en su desarrollo como conocedora en materia balompédica. En 2014 hizo de intermediaria en la relación con TeleAragua, conociendo a Esteban Trapiello, con quien luego de haberse visto en el Estadio José Pérez Colmenares de Maracay, comenzó una relación laboral que cosas importantes dejó.

Han sido 30 años de alegrías profesionales

Con TLT vivió momentos extraordinarios

“Estuve primero en la Alianza TeleAragua-Meridiano, y luego me fui definitivamente a TLT, canal en el que compartí con excelentes personas y profesionales, en una importante etapa de mi carrera, conociendo a mucha gente joven, quienes han demostrado estar a la altura de lo que significa darlo todo por el deporte de nuestro país. Luego, me retiré de la televisión el 23 de agosto de 2017, para iniciar un proyecto con la empresa JHS Deportes de Jorge Silva, presidente del Deportivo Táchira. Montamos un canal de YouTube para transmitir partidos del Fútbol Nacional cuando TLT no esté en San Cristóbal, y ahora contamos con tres cámaras en alta definición, cuatro micrófonos y dos pequeñas leds. Hacemos un gran esfuerzo, para contribuir con el crecimiento de nuestro fútbol, aunque no sea nada fácil”, explicó la productora.

Desde hace 30 años, recorre cada rincón del país para algo nuevo inventar, amando a Venezuela de pies a cabeza. Contenta está por los valores que emergen de la nación, sabiendo que en sus manos está el legado de una guerrera que nunca entendió el significado de rendirse. “Lo que más me gustó fue planificar las pautas en los autobuses y siempre buscar la manera de mejorar cada cosa que hacíamos. El éxito de un productor está en trabajar en equipo, con humildad y mucho orden. Esta carrera me ha dejado muchas cosas, desde inmensos logros hasta incontables caídas, pero lo más importante de todo es lo mucho que la he disfrutado”, expresó.

María brinda por tres décadas de amor por el deporte

“Todavía me cuesta adaptarme a la pérdida de mis padres, a quienes cada día extraño más, pero sé que se fueron al cielo orgullosos de su hija, porque a pesar de haber dejado mis estudios por dedicarme al trabajo, siempre les respondí con la altura de la educación que me dieron”, confesó, dando lo que fuera por, aunque sea una vez, tener de nuevo esa compañía en sus 100 horas de labor.

De Nuevo Circo, apenas queda el recuerdo, es 11 de febrero de 2019, y Carlos “Morocho” Hernández reposa en la inmortalidad. Por la mañana, en San Cristóbal, después de 54 vueltas al sol, la niña ha vuelto a llorar, pero esta vez conscientes están del motivo, porque en un mundo de dinámica imparable, solo vale quedarse con los recuerdos del corazón, aquellos que atesora desde casetes hasta videos en HD. Azar, nada fue suerte, todo lo alcanzado tiene el sello de María, comenzando con “talentos, atentos en la caseta”, hasta el mágico “perico” que pasiones despertó.

Por siempre en su corazón, motivos de alegría vivirán