Los sueños de “Carlitos” se mantienen intactos

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Es otro día en la vida de “Carlitos” y el tiempo sigue pasando tan lento, que no ve la hora de abrazarse a los efectos del grito sagrado, cuando su equipo anota y él contribuye a la consecución de cada triunfo. Tiene apenas 18 años y demasiado camino por recorrer en el cumplimiento de sus más grandes sueños, pero está alejado de su gran amor y en soledad, extraña más de lo que presume. De entrenar en la misma academia que vio nacer a Deyna Castellanos a jugar al lado de grandes profesionales del país, hay muchos episodios para repasar.

Carlos Javier Martínez Aponte es su nombre y Maracay, la ciudad donde por vez primera gritó cuando al mundo arribó. Es hijo de dos apasionados del deporte: Juan y Katy, gente buena, humilde, trabajadora y por encima de todo, única. Criado en el seno de una familia que enaltece la cultura de trabajo a su máxima expresión, desde pequeño pidió un balón y acusó a sus amigos de la cuadra de ser responsables por marcarles un sentimiento que se transformó en razón de vida. Vivió en Cagua mucho tiempo, hasta que se mudó a la capital de Aragua y comenzó a perseguir la pelota con afán. Un día, se dio cuenta que todo iba más allá.

“Me volví loco con el Mundial Sudáfrica 2010, especialmente viendo jugar a Carles Puyol. Para mí, él es la referencia de lo que significa ser un defensor, porque donde no llegaban sus ganas, lo hacían sus cojones. También me gusta mucho Sergio Ramos, a quien he emulado en sus maneras de desempeñarse, porque es un profesional que defiende muy bien, pero también ataca”, expresó. Tiene fresco el recuerdo de aquel tanto que “Puyi” le marcó a Alemania en semifinales de dicho campeonato, cuando España se consagró monarca del mundo. Nació una ilusión demasiado grande, que hasta ahora permanece intacta.

Martínez ama el fútbol desde niño

“Siendo un niño, hablé con mi mamá y le pedí que me inscribiera en una escuela para jugar de manera más organizada y entonces me llevaron a la Academia Juan Arango en ‘Tacita de Plata’. Esa fue mi primera gran escuela porque aprendí a socializar y a desenvolverme de buena forma en una cancha. Desde entonces, me propuse vivir de esto, entendiendo que habría que sacrificarse demasiado”, dijo.

Martínez recuerda como si todo eso hubiera pasado ayer, hasta incluso cuando tuvo que cambiar de escudo, en búsqueda de competir a otro nivel. Fue ahí cuando empezó a ser parte de la Casa Portuguesa F.C., pero no gozó de muchas oportunidades. ¿Las razones? Hasta ahora son desconocidas, porque nunca le permitieron si quiera exhibir de qué estaba hecho en el césped. Fueron meses agridulces, pero de todo se debe sacar algo bueno y así entendió esa etapa.

“Fue todo demasiado atípico, porque los entrenadores nunca se enteraron que yo era socio del club y jamás recibí una opción si quiera de mostrarme. Yo practicaba siempre con la misma intensidad, hasta que me llegó la oportunidad de estar en una Selección de Aragua y me fue realmente bien. Adalberto Montilla, un entrenador, me llevó y nos fue súper bien. Cuando regreso a Casa Portuguesa, me veían con otros ojos, pero tenía todo listo para irme al equipo de la UCV y ahí terminó ese ciclo. Igual estuve agradecido”, agregó, fiel a la caballerosidad que le caracteriza, sin siquiera un ápice de rencor.

Con el cuadro estudiantil, se afianzó a nivel de fútbol formativo: ganó roce, compitió contra los mejores del país y fue haciéndose un nombre en la entidad. Ahí, compartió con Miguel Silva y Albert García, dos de los más importantes talentos menores que han salido de la “Ciudad Jardín” en los últimos años. Viajó por todo el país, entendió lo que significaba ser futbolista y maduró demasiado.

Martínez debutó en Segunda con Gran Valencia

“Pero se dio la posibilidad de ir a una academia como EDICA, que iba a reunir a los mejores talentos. Me fui con el mismo técnico: ‘Pelón’ (Montilla) y también siento que fue una etapa interesante, porque incluso llegué a ir hasta Puerto Ordaz para competir en la Mineros Cup. Era otro nivel y me sirvió como escalón para debutar profesionalmente con Gran Valencia”, explicó. El cuadro profesional, gracias a una alianza realizada con la institución naranja, se hizo con sus servicios y lo sumó al plantel de Segunda División, con el cual el zaguero aragüeño supo qué se sentía militar en la categoría de plata nacional, compartiendo con alguien a quien considera un maestro: Hugo Soto, quien hoy milita en Petare Fútbol Club. Mucho significó su transitar por ahí.

Pensando en ganarse un puesto para probar las mieles de Primera División, su próximo paso fue irse al Aragua Fútbol Club, siendo parte del equipo Sub.20, hasta que se abrió un nuevo camino con dirección a Caracas, siendo miembro de Metropolitanos Fútbol Club, ahora luciéndose en el cuadro filial.

Martínez hizo vida en Aragua F.C.

“Este año había comenzado de una excelente manera, con la oportunidad de ir a probar a un club de Caracas y de ser dirigido por Alberto Fros, y cuando estaba por demás adaptado, llegó el tema del coronavirus. Ha sido bastante duro para mí, pero tengo fe en que en algún momento volverá la normalidad y estaré de nuevo al lado de mis compañeros. Venía incluso entrenando con el plantel profesional, pero este cambio nos obliga a vivir la nueva realidad. Como muchos, espero que las cosas mejoren para poder regresar”, confesó, ansioso de ganarse un espacio a pulso y puro pulmón, como había logrado.

Martínez estaba entrenando con el plantel de Primera

Carlos también da créditos a Jhon Guevara, quien mucho lo ayudó en cuanto a entrenamientos personalizados se refiere. En su plan de vida jamás está contemplado rendirse, siendo un guerrero a pura pasión. Sea donde fuere, su meta se traduce en alcanzar tantos éxitos como pueda, y seguro lo va a lograr.  

 Fotos: Prensa Metropolitanos