La última noche de conciencia para Gustavo Cerati

Informativo TLT

Redacción: Fabrizio Cuzzola (@FabriCuzzo22)

Gustavo Adrián Cerati Clark siempre fue un gran amante de la tecnología. Cuentan algunos biógrafos que investigaron sobre él que una de sus actividades favoritas era chatear en línea con desconocidos, y hablar con ellos sobre sus canciones. Por lo tanto, Twitter se convirtió en una de sus redes sociales predilectas. Transcurre un quince de mayo de 2010 y la gira para presentar ‘Fuerza Natural’, su más reciente disco finaliza hoy en Caracas, con un concierto en la Universidad Simón Bolívar.

La noche anterior en Bogotá fue complicada. El concierto paró cuatro veces, a Gustavo se le veía cansado. En realidad estaba fastidiado: el marco de gente no era el esperado y las luces tampoco. Revisaba mucho los videos de aficionados en facebook para evaluar esas cosas. Aún así, evocó a su fuerza natural para terminar la misión y abordar el avión que lo llevaría a Venezuela.

Cuenta en su libro el biógrafo argentino Juan Morris que a Gustavo Cerati le gustaba venir a Venezuela. Entre esas cosas que le generaban placer gastronómico era desayunar arepas: una de ‘reina pepiada’ y una de carne ‘mechada’ fueron su desayuno en este emocionante y fatídico día. Evenpro había vendido toda la boletería para esa noche, donde se presentaba uno de los mayores íconos del rock latinoamericano.

“Para cantar canciones de Soda, están los discos” decía Cerati cada vez que le pedían ‘de Música Ligera’ u otro tema de su antigua agrupación. No está muy lejano el 2007, donde con una gira llamada ‘Me verás volver’, Soda Stereo hizo su regreso a los escenarios una última vez para complacer al público que pedía su regreso. Y si, Caracas fue una de esas paradas.

Es de noche, y la lejana Universidad Simón Bolívar está repleta. Circulan papeles con el repertorio de canciones que interpretaría ‘Gus’ esa noche: Fuerza Natural, Magia, Deja vú, Desastre, Amor sin rodeos, Tracción a Sangre, Cáctus, Uno entre mil, Artefacto, Rapto, Domino, Sal, Trátame Suavemente (de la autoría de Daniel Melero), He visto a Lucy, A merced, No te creo, Pulsar, Te llevo para que me lleves, Marea de Venus, Vivo, La Excepción, Crimen, Paseo Inmoral y… Lago en el cielo. Veinticuatro canciones de sus más recientes discos para cerrar la travesía por todo el continente.

En los medios, existía una pequeña polémica. Hacía 8 años que Gustavo no tenía cónyuge tras su separación de Cecilia Amenabar, madre de sus dos hijos Lisa y Benito. Estuvo un tiempo con la actriz argentina Leonora Balcarce pero aquello no funcionó del todo. En medio de los flashes y los diversos artículos de opinión, se supo que Chloé Bello era la nueva pareja sentimental de Cerati. Algunos a sol de hoy todavía se debaten sobre si era buena influencia o no para el artista argentino. Para ese momento, ‘Gus’ estaba más cercano a sus músicos, porque Bello estaba en Nueva York por compromisos laborales.

“Esa noche, el campus de la Universidad Simón Bolívar casi había agotado su capacidad y el grupo había sonado perfecto. Sobre el escenario, Gustavo había estado relajado y no había parado de hablar con el público entre canción y canción (…) “¿Dije muchas estupideces?” preguntó Cerati a Richard Coleman, con una sonrisa. “Como siempre” le contestó. Taverna lo miró sobreactuando un gesto de aturdimiento: sabía que era lo peor que podía decirle. Después de más de veinticinco años de carrera, Gustavo seguía siendo inseguro con las cosas que decía arriba del escenario. “Pero a la gente le encanta que digas estupideces” agregó Coleman para calmar la neurosis de su amigo. Los tres se rieron y charlaron un rato más hasta que uno de los asistentes entró para avisarle a Gustavo que el productor venezolano del show quería sacarse una foto con él.” reseñó Juan Morris en la biografía de Cerati.

Finaliza el show, y los fanáticos van contentos a casa. Con el término de la gira, Cerati se va a los camerinos mientras el equipo festeja el final de un largo trayecto. Luego de tomarse la foto grupal, a Gustavo se le ven los ojos blancos y la piel pálida. “Estoy bien, pero un poco cansado” afirmó antes de desmayarse en su camerino en lo que parecía ser un infarto o un pico de presión.

Gustavo Cerati estuvo en su camerino una hora, con un equipo cardiológico y observado por dos paramédicos y el kinesiólogo. Mientras esperaban la llegada de la ambulancia y la desocupación de los espacios de la universidad para evitar que la descompensación se convirtiera en noticia, los cortes de electricidad ya empezaban a verse en algunos centros hospitalarios.

Acostado en la camilla, con los ojos desorbitados, pero abiertos, Gustavo es transladado primero al Centro Medico Docente La Trinidad, donde al bajar se dieron cuenta que los pasillos estaban a oscuras. No había luz, solo una planta trabajando para el quirófano y la terapia intensiva. Otra vez a la ambulancia, se le realizaron los chequeos respectivos y luego fue devuelto a La Trinidad, donde ya con el servicio de luz reestablecido fue a parar en la suite presidencial del tercer piso.

Cerati duerme por efecto de los sedantes y el cardiólogo lo atenderá a las diez. Mientras tanto, Adrián Taverna (sonidista) toma la cuenta de twitter de Cerati para dar un comunicado oficial de dos líneas:

Gustavo pasó dos noches en Caracas, mientras se le realizaban exámenes para determinar que ocurría con él. Se le veía falto de fuerza y se agarraba la cabeza constantemente, como con dolor. En los pasillos de la clínica abría los ojos y los volvía a cerrar constantemente y aunque le costaba hablar, podía comunicarse con gestos. Comía con cierta dificultad y la noche le agarraba haciendo zapping entre canales de TV intentando no aburrirse. Junto a él, su hermana y su equipo. No movía el lado derecho de su cuerpo y todos estaban a la espera del diagnóstico:

“Gustavo había sufrido un ACV y su cerebro se había inflamado tanto que estaba haciendo presión contra el cráneo. Tenían que operarlo con urgencia.”

Mientras la noticia recorría el continente, en la sala de operaciones los cirujanos le abrieron una parte del cráneo a Gustavo para aliviar la presión que ejercía el hemisferio inflamado. En la puerta de la clínica varios medios se apostaron para transmitir en vivo a toda la región las novedades médicas de la intervención: ¿Gustavo Cerati podía morir?, ¿El accidente cerebrovascular afectaría sus facultades mentales?, ¿Podría sufrir secuelas? Los programas de televisión invitaron especialistas para que explicaran qué era exactamente un ACV y cuáles eran las estadísticas de recuperación.

La noche después de la intervención hubo una vigilia de fanáticos en la puerta del hospital y, a la mañana siguiente, el doctor Adolfredo Sáez, director de La Trinidad, dio el primer parte médico para los medios: “En este momento es muy prematuro evaluar las secuelas que puedan quedar (…) para eso son las 72 horas que hemos determinado y establecido para estos casos. En ese momento es cuando podremos evaluar el daño residual que pueda quedar en este tipo de lesión.”

Para la cirugía lo habían rapado y, de pronto, parecía mucho más flaco. Era como si en esos días en coma hubieran pasado varios años. Durante la gira de Soda Stereo usaba una remera que decía No me voy a morir y tenía otra estampada con la palabra Inmortal. No era descabellado pensar eso de alguien que parecía no envejecer (…) Tres días después de la operación, los médicos le quitaron los sedantes pero Gustavo no despertó. El plan era que cuando volviera del coma los médicos de Fleni evaluaran qué tan grave había sido el infarto y cuál era el mejor momento para trasladarlo a Buenos Aires. Los días empezaron a pasar sin que Gustavo abriera los ojos. (…) A comienzos de junio, como su estado no ofrecía novedades, decidieron trasladarlo a Buenos Aires en un vuelo sanitario para alojarlo en Fleni, una clínica especializada en rehabilitación neurológica.

Los últimos tres párrafos, de la autoría de Juan Morris en ‘Cerati, la biografía’ describen con lujo de detalles sus últimos días en Caracas. Con un gran operativo de prensa, Gustavo fue recibido en Argentina donde el primer diagnóstico fue cuánto menos, preocupante.

“La tomografía computada realizada a su ingreso mostró un infarto extenso en el hemisferio cerebral izquierdo y daño del tronco cerebral secundario, escribieron los médicos en el parte que dieron al otro día. El informe era mucho más grave que los de Venezuela: medio cerebro y gran parte del tronco cerebral, la ruta a través de la que se comunican casi todas las vías sensoriales, ya no le funcionaban”, comenta Morris.

Gustavo Cerati pasó el resto de sus días en una cama, moviendo los ojos y de vez en cuándo alguna articulación para recordarle a su mamá, Lilian Clarke que seguía allí junto a ella.

El 4 de septiembre de 2014 fallece Gustavo Cerati en la ciudad de Buenos Aires. Fueron cuatro años de batalla pero para quienes disfrutaron su música, su legado es inmortal.