Juan Domingo y un lunes para pensar

Miguel Santana

De lo horrendo a lo sublime, como entendiendo que el fútbol es adicción de momentos que nunca se parecen, va todo transcurriendo. Ese espantoso diciembre de 2017, cuando Carlos Salazar silenció los gritos sagrados de Mineros, tiene parecido con el gol de Gallardo, que le arrancó la mitad del alma al joven entrenador en Barinas, apenas meses después. Es tan cruel este deporte, que no basta dejar el alma trabajando. Con Carabobo y Zulia fue lo mejor que pudo, y la Liguilla le dio una bofetada de realidad en ambos casos, perdiendo contra rivales teóricamente inferiores. En su cara, explotó una bomba de suspenso, con finales que parecen obras ocultas de Horacio Quiroga. Ganó la Copa Venezuela, eso sí. Y por ello sabe que el éxito se abraza a la razón de la misma manera que los bosques a la lluvia, aunque muchos factores deban converger. Juan Domingo sabe que este lunes le regala no solo un día más de vida, sino la posibilidad de pensar en lo que mañana pudiera pasar. Está cerca de alcanzar su primer título corto como entrenador, y para ser honesto, lo merece.   

Tolisano ha brillado con Táchira

Es un caballero, aunque el fútbol no premia a los que mejor hablan, ni a quienes tienen valores. Por ello, juzgarlo como entrenador es la competencia de quienes evalúan al hombre que ejerce la labor más difícil en la historia del mundo: dirigir. No existe algo más difícil que hacer pensar a los demás en función de pretensiones grupales, viviendo en un mundo donde impera el individualismo. Los egos se alimentan de motivos nada parecidos en 30 cabezas, pero, aunque sea en un corto lapso, vale la pena que todas las mentes convivan en un cerebro amarillo y negro. Llegó al Deportivo Táchira porque el equipo atigrado necesitaba un tipo así: formado en la casa, pero que hubiese demostrado afuera, porque nadie es profeta en su tierra, hasta que bajo el brazo lleva una inmensa carpeta. 

Táchira empató con Caracas en el primero de la final

Luis Ovalle es el Canal de Panamá, que da salida al juego asociado desde zona defensiva, y regresará al lado de Edgar Pérez Greco, nada menos que el líder espiritual de un equipo que será empujado por miles de aficionados. Tolisano, que ha gestionado con eficacia los tiempos de Jeizon Ramírez Chacón y Esli García, también claro está del rol ejercido por los juveniles, comprendiendo los cambios de épocas, y que hoy el fútbol es joven, por los que dirige, representa y predica. Es su tercer momento, y no quiere dejarlo ir.

No va a dormir en lo que queda de semana, y quizás, el próximo lunes no le presente al sol en la mañana. Posiblemente, todo aquello que acumula en su mente y corazón, sea difícil de plasmar en una carpeta que cargue consigo. El humano está por delante del profesional, porque más que ganar e ir a la final absoluta, garantizando un cupo a fase de grupos de la Copa Libertadores, está la pasión de un muchacho. Él quiere lo que quiso en Lotería del Táchira: brillar frente a su gente. Volteará a la grada, y su familia ahí estará. Si gana, se abrazará a los suyos y no dejará de llorar. No hay un escenario más sincero que la felicidad.