Giner García, estadio y estudio

Miguel Santana

Por ser miembro del Circuito Radial de los Navegantes del Magallanes desde hace 16 años, además de haber sido director ejecutivo del Museo del Béisbol, ubicado en Valencia, la gente cree que Giner García es carabobeño. Lo asocian directamente con la hermosa ciudad industrial de Venezuela, pero no. Nació en Caracas, el 26 de noviembre de 1965, declarado Año Internacional de la Cooperación. Tal vez aquello guarde relación directa con su manera de ser: humilde, sereno, siempre dispuesto a una mano amiga dar cuando otros necesitan apelar a la sabiduría de un periodista integral, que escribe al mismo ritmo de su habla. Es un profesional de trayectoria respetada, que cada día continúa preocupándose por algo nuevo aprender.

El fanático Carlos García festejaba los cuadrangulares magallaneros en 1972, mientras por su hijo era acompañado para en casa hacer el jardín. Desde una pequeña radio, el apellido Darwin sonaba con frecuencia, lo que llamó la atención de un niño, que a su progenitor preguntó de quién hablaban tanto. Se trataba de Bob, aquel sensacional importado, quien en 1973 implantó el récord de más batazos de vuelta completa en Venezuela, que, con los años, Baudilio Díaz dejó atrás. Eran tiempos de primer amor, conociendo a la razón de su pasión.

Darwin hizo historia con Magallanes

Asistir por primera vez al Estadio Universitario le permitió conocer un lugar que, tiempo después, hizo de escenario donde muchas historias contó. Justamente, fue Darwin quien desapareció la pelota, para darle un inolvidable éxito al cuadro filibustero en la memoria del protagonista en cuestión. Así nació un nexo vigente en los días en curso, desde la grada, el lugar de todos los inicios.

Con 13 años, no cualquiera tiene tan claro qué estudiar en la universidad. Giner sí, porque siempre fue futurista. Varios compañeros de clase en épocas de juventud, lo recuerdan por el ímpetu de soñador que mostraba mientras el mañana planeaba, aunque no fuese tan fácil como escribirlo en un párrafo que recuerda momentos añorados. Decir que sería periodista deportivo era suficiente para ser mirado por todos con rareza. Hoy, es común. A finales de los 80, algo atípico.

“A nosotros nadie nos enseña más que la fuente. No existe una universidad para estudiar deportes, así que uno mismo tiene que documentarse permanentemente. Eso es lo que hace que esta profesión sea especial, además de todo lo que significa comunicar”, aseveró García.

Mucho le ha aportado García al béisbol venezolano

Con el sonido de la pelota conectada, retumbando en lo profundo del sueño, casi sobre el final de un ciclo que lo vio brillar desde el día uno, llegó el momento de probarse fuera de las aulas. En Venezuela, no puede hablarse de béisbol sin mencionar a Carlos Daniel Cárdenas Lares, histórico personaje del deporte nacional por excelencia. El libro “Venezolanos en Grandes Ligas” contó con su aporte y el del entonces joven estudiante, quien, a partir de ahí, fue dándole forma al nombre que muchos artículos escribió para a miles de aficionados deleitar. 

El enriquecimiento de la bibliografía deportiva venezolana tuvo una alta cuota de participación desde su pluma, pues seguidor del afamado Rodolfo José Mauriello, siempre quiso emular lo bueno de las personas que admiró. Su voz pronuncia nombres con respeto: Humberto Acosta, Felo Ramírez, Juan Vené, Carlos Tovar Bracho, Delio Amado León, José Aníbal Manzo y Carlitos González. Son referencias obligadas cuando de pelota hablamos. Eran los personajes a quienes seguía.

El semanario “Béisbol a Fondo” le permitió dar un salto de calidad, porque aquel encartado de los diarios El Nacional y 2001, significó un reto tan grande como la calidad de su escritura. Han pasado 25 años desde la primera publicación, y todavía, en los senderos de la Gran Caracas, muchas personas lo extrañan.

“Fui a cambiar unos cauchos para mi carro, y cuando di mi cédula, la persona que me atendió me preguntó si yo era el que escribía en esas publicaciones. Nos miramos y reímos porque me dijo que daría un descuento especial por ser fanático de béisbol”, confesó entre la risa del orgulloso recuerdo, como entendiendo la importancia de un legado construido.

Giner García es reconocido nacionalmente

Por cuestiones de la vida, el triunfo editorial no fue cónsono con el éxito comercial de aquel proyecto, que los fanáticos de la vieja escuela atesoran en sus hogares. Llegó entonces la hora de cumplir un sueño con la llegada del nuevo milenio, cuando el barco ancló para abrirle paso a un nuevo tripulante. Bienvenido era Giner García al Circuito Radial Oficial de los Navegantes del Magallanes, equipo que latía en el corazón de un tipo que, con su alma, él amó, construyendo jardines mientras historias contaban. Fue un hecho de efecto inconmensurable, con Dámaso Blanco y Carlitos Feo como compañeros de alta mar, presentes en cada estadio para decirles a todos cómo va todo.

“Esto ha sido una experiencia extraordinaria para mí, porque no solamente fue la oportunidad de trabajar al lado de profesionales extraordinarios, sino también de excelentes personas. Mi papá nunca me exigió que llegase hasta ahí, pero sin lugar a dudas que hacerlo era algo especial para la familia”, confesó. Por eso, es tan querido cuando de personajes importantes sin uniforme hablamos. Guía, conduce, educa y analiza. Así lo concibe la gente.

“Toda persona que trabaja para un equipo, quiere verlo campeón, y quien diga lo contrario, miente. Para mí fue especial festejar un título con Magallanes después de tantas finales perdidas. Ahí he vivido momentos verdaderamente significativos en mi carrera profesional”, dijo.

Y la mágica aventura beisbolera toma forma con detalles pequeños, como las hallacas de Julio Bordones cada vez que diciembre se asoma. No fallan las tortas para él y Feo a falta de cuatro días para que expire noviembre, porque ambos comparten 24 horas de nacimiento. Los aficionados quieren hablarle, para saber qué piensa, cree y espera. Por eso, siente que estar detrás de un micrófono es un reto.

Giner ha respirado béisbol toda su vida

“La conexión con los amigos que van al estadio es única, y eso para mí lo es todo. Las cosas han cambiado mucho a partir de la incursión de las redes sociales en el periodismo, pero para creo que lo más importante es verte las caras con la gente que espera recibir algo de ti”, agregó firmemente.

Miguel Cabrera goza de su admiración, aunque Omar Vizquel y su espectacularidad con el guante, hacen que aquellas manos de seda sean inmortales en el universo del diamante. José Altuve también tiene derecho al podio, por ser el pequeño gigante que, desde Maracay para el mundo, se hizo astro en Houston. Podría pasar horas mencionando nombres, porque ha visto tanto béisbol que sabe defenderse ante la vida en conteo de 3 y 2.

“En este mundo hay que actuar con honestidad y lealtad a tus principios. Todo va a salir bien en la medida que trabajes para que eso sea así. No es fácil mantener tu credibilidad, porque eso es lo que te hace distinto”, expresó, en la línea que le ha hecho ser, tanto en Venevisión como en La Tele Tuya, un tipo de calidad certificada. Cuando habla, es porque algo sabe.

El comentarista es una referencia del Magallanes

No estamos en 1973. Don Carlos, ahora ve los juegos en el mar del cielo, mientras su hijo dedica cada hora a honrar la memoria de quien también lo condujo en dirección al boxeo e hipismo de calidad. Giner, a millones de años luz, pisa tierra. Aconseja estudiar y trabajar con determinación, sin creer que todo se sabe. Está entre el estadio y el estudio. Domina los temas con una recta endemoniada a 100 millas, y habla con la prestancia de un conocedor cuyo bolso pesa calendarios de enseñanzas. Las nuevas generaciones lo tratan como lo que es: un señor.