Fútbol sin tabú: la verdad nos hace libres

Miguel Santana

Toni Kross es el dios del tiempo con una pelota en sus pies. Cronos testificará en contra de quien esto piense, pero sus argumentos quedarán sin efecto ante la prestancia de quien toma decisiones trascendentes en momentos oportunos, escenificando inolvidables desenlaces en el ejercicio de su arte como mediocentro. Sus maneras quirúrgicas, permiten que el alemán haga gala de un talento potenciado a su máxima capacidad. Es un crack mental.

 

Pero, fuera de su zona, estuvo errático. Nada que ver con algún partido clandestino. Declaró y fue víctima de la histriónica sociedad virtual, que no pasa por alto todo aquello que vaya en contra de sus propias creencias, cuando hablemos de cualquier tema. Pasa también que, no estamos en Rusia 2018 y en frente no yace Suecia, en el minuto de la agonía. Aquí, la pelota no se ve, porque tiene forma de silencio. Él no quiso apegarse a la quinta enmienda.

Disparó, como lo hace en Champions desde el Santiago Bernabéu: “mi sentido común me dice que todo el mundo debería vivirlo en plena libertad, no cabe la menor duda de ello. Eso sí, no sé si daría el consejo de declararse homosexual a un futbolista en activo. Sobre el terreno de juego se suelen utilizar ciertas palabras y teniendo en cuenta las emociones que se llegan a vivir en las gradas, no podría asegurar que no terminaría siendo insultado y menospreciado”, dijo en una entrevista a la versión alemana de la revista GQ.

Y aquello fue, solo un extracto de dicha charla, pero se ha vuelto común la descontextualización a partir de frases sacadas con pinzas, fomentando así una matriz de opinión que en demasía dista si tenemos en cuenta  lo que de verdad alguien pensó decir. Ocurre también que no necesariamente se trata de lo que quieras expresar, sino lo que la gente leyó.

Es un tema tabú, aunque en pleno presente, estén abiertos muchos caminos que conducen a la alegría, y nada nos hace más libres que la verdad. Hace poco, el jugador de baloncesto Sebastián Vega, declaró ser gay, 15 años después de haber debutado. Su mayor miedo fue que ningún equipo lo contratase, pero permanece activo, como década y media atrás.

El mejor momento de Facundo Imhoff coincidió con su acercamiento a la felicidad. Es el Messi del voleibol argentino y lo será hasta toparse con su fecha de caducidad como atleta. “Antes sufría mucho porque tenía que andar escondiendo a mi pareja. Me la pasaba diciendo que estaba con mujeres, cosa que no era verdad. Me lesionaba constantemente y sabía que era por eso. Cuando lo dije, no sufrí ninguna lesión más. Mi cuerpo me lo estaba pidiendo a gritos”, expresó. Así se alejó de todo lo vinculado al oscurantismo.

Pero también está el caso del primer jugador negro por el cual una escuadra sacó de sus arcas un millón de libras: Justin Fashanu. Se suicidó, entre otras cosas, por haber sido tratado con hostilidad al declarar su gusto por gente del mismo sexo. Esos 90 goles parecen haber sido borrados de la historia, cuando de manera inmediata, lo señalan por todo, menos por su talento.

Liam Davis juega en Inglaterra y lidera una campaña de la UEFA para que los profesionales salgan del closet sin miedo, haciendo pública su orientación sexual con 23 años, cuando formaba parte del Gainsborough. Desde entonces, no ha sufrido ningún tipo de rechazo por parte de los compañeros que ha tenido, ni de los seguidores de equipos a los que ha enfrentado.

Tal vez, Thomas Hitzlsperger sea la mayor exponencia de sufrimiento corazón adentro. Jugó en Everton, Wolfsburgo, Wets Ham United y Stuttgart; disputó la Copa Confederaciones 2005, el Mundial 2006 y la Eurocopa 2008 con Alemania. Se retiró y dijo no más, aceptando aquello en una entrevista en la cual declaró que el proceso había sido largo y difícil, pero en los últimos años, pudo clarificar su vida hacia la paz interna. Se le vio con novia durante su carrera como futbolista, pero un mes antes de celebrar su boda, la canceló.

Al norteamericano Robbie Rogers poco le importó lo que opinase el mundo que rodea a la Premier League y en 2013, se declaró abiertamente. Lo confesó en su blog, cuando militaba en las filas del Leeds United, retirándose posteriormente del balompié profesional por un tiempo, hasta que fichó por Los Ángeles Galaxy, club con el cual llegó a ser campeón.

Entre Ali Krieger y Ashlyn Harris afloró un amor sin igual, cuando ambas eran parte de la selección estadounidense. Ni hablar de Alisha Lehmann y Ramona Bachmann, referentes de visibilidad lésbica en el universo futbolero. Son suizas y ambas, delanteras en la Women´s Super League. Una, es parte del West Ham y otra, hace vida en Chelsea. Tiempo atrás se conocieron y decidieron contar a los medios que son una pareja feliz y rivales en el campo.

Pero es que, transitando senderos de tolerancia, ¿en qué sitio los humanos imponemos nuestra alta moral en la frente de quienes son juzgados por en teoría no ser iguales, cuando tú eres peor? ¿Cuándo fue que quedamos estancados en la arcaica manera de analizar al semejante, por todo, menos el valor de su corazón? ¿Ser gay va en contra de la naturaleza, pero valerte de una pasión que identifica a millones para lavar dinero, es un hecho plausible? ¿Condenamos a quienes, según inquisidores de otros gustos, no tienen los mismos derechos que tú por ir en rumbos diferentes, pero con orgullo, les preguntamos a los niños por la cantidad de novias que tienen, en aras de fomentar al machismo a la vanguardia de una crianza que infla el pecho de orgullo en quienes creen que la hombría va primero? Es que, todavía no hemos llegado al nivel de aceptación superior, creyendo que la esfera gira sin derecho a evolución. Cuando cada quien tiene una clara definición acerca de lo que es y quiere, nadie puede vulnerar las barreras del punto límite. Todo bien claro, así debe quedar. Si tú juegas al lado de un compañero gay, no necesariamente compartes sus gustos, pero claramente, pueden tener capacidades similares al momento de exhibir talento. ¿Por qué la etiqueta? ¿Hasta dónde está permitido silenciar la voz de quien tiene derecho a sentirse vivo?

¿Y qué pasaría si un día, el futbolista a quien siempre admiraste, es homosexual? ¿Aquello por lo cual se convirtió en ídolo para ti, se esfumaría tan rápido como fue construido? ¿Y si empezamos a educar en base a la comprensión de cada motivo, aun y cuando esto nada tenga que ver con tu manera de pensar, ser y hacer? ¿Qué tal si valoramos más al atleta y dejamos de comportarnos de una manera tan invasiva ante la privacidad como derecho universal? ¿Y si te pones en el lugar del otro? ¿Y si aquel fuese miembro de tu familia?

No busco con esto imponer criterio alguno, solo enaltecer el valor central de cualquier relación: respeto. Cuando no tienes nada bueno que decir de alguien, es mejor no decir nada. Cuatro Champions y un Mundial te hacen grande. Más todavía, lo hace todo lo que demuestres para reinventarte y vencer al pasar de los años. “No soy quién para aconsejar a nadie”, expresó Kross, para matizar aquella primera declaración en una segunda intervención, ante las reacciones detrás de cada teléfono. Es así, querido guerrero alemán: tú siempre serás inmenso y a su vez, todos seremos nada. En la vida estás hoy y mañana no sabemos. Dejemos vivir y sigamos anotando goles impresionantes.