Entre canchas y libros, va jugando Andreutti

Miguel Santana

Puño cerrado y golpe a la mesa. Roberto Baggio tiene la culpa del sinsabor, con su errado penal contra la Brasil de Dunga, Branco y Romario. A los seis años estás despojado de la razón para darle uso correcto, pero tu corazón se para firme ante la pasión que generan los colores. Su influencia italiana le hace apagar el televisor e irse al lugar donde pronto olvidará, todavía sin saber que aquel vago recuerdo, sería la primera página de una historia que podría ser escrita en la pluma de Haruki Murakami, aunque no tenga título.

Andreutti es un atleta integral

Fabio Grosso y su tiro cruzado, reivindicaron al amor por la primera novia, y aunque en 2006 tenía otro panorama, todavía Italia era razón de alegría. El efecto de los valores familiares le hace navegar entre conocimientos que desembocan en el mar del interés. No es experto en nada, pero todo le inquieta. En la cancha, se imanta al balón y piensa con astucia en fracciones de segundo. No es lo que sabe hacer en el momento, sino lo que previamente decide realizar, porque leer le ha hecho ganar, orientándose en perspectivas de tipo analítico.

Lino Alonso, hoy miembro del distinguido club de la dimensión desconocida, fue su promotor. Lo vio cuando era profesor del Colegio Santo Tomás de Villanueva, donde detectó al joven con habilidad para desarticular juego rival, y en tal sentido crear acciones en función de propias pretensiones. Le llamó poderosamente la atención, al punto de convertirse en el primer héroe anónimo de una carrera que, actualmente, sigue su transitar por Caracas. 

Faltan tres minutos para llegar a Cocodrilos Sport Park, anda en la última subida, con su carro acostumbrado a producir estruendosos sonidos de rock nacional. Se acerca el momento de volver a empezar, porque, aunque los días se unan, cada uno es parte de un sendero diferente. Contra Deportivo La Guaira, caminó encima de la cornisa, encontrando espacios precisos en tiempos perfectos, con direcciones a Jesús Arrieta en el 1-1, y Néstor Canelón, en la construcción del 1-2. Aquel duelo terminó 1-4, con boleto a la Liguilla como beneficio al pagar la cuota extra con su fútbol endiablado. 

Ricardo Andreutti es futbolista, con papel de delantero sobre líneas, al acecho de nuevas palabras para su vocabulario ensanchar. Hace de volante mixto cuando tiene que ir y venir, entre poemas que consume a ritmo sereno, siendo portero mientras ataja errores y saca de su meta mil aprendizajes. Tiene control de sus competencias, aceptando que la vida abre el abanico de opciones a tomar cuando algún día se canse de tacos usar. Hasta entonces, queda tiempo para disfrutar del híbrido en esencia de balompié letrado.

En el Apertura 2019, ha visto los minutos necesarios para cumplir el rol asignado, y si concebimos al fútbol como un estado de ánimo, le ha ganado el pulso a cada propuesta entre momentos. Noel Sanvicente sabe que cuenta con la experiencia del siempre bien ubicado volante central, que anda justo de ideas para escenificar un plan de acción, a nivel de surrealista impresionante. Golpea la pelota como Dalí da vida a la persistencia de la memoria. Su juego es el silencio de un segundo, cuando el arco y el balón se unen en un grito. Cada duelo le expande la perspectiva del mundo, para así volar a través de un universo sin fin. Solo tiene una constante: el cambio.

“Mientras uno se mantenga vibrando en una frecuencia de servicio, compasión, respeto y empatía por el semejante, vas evolucionando como ser humano. El valor del estudio y del autoconocimiento te permite enfocarte hasta purificar todas esas cosas innecesarias que no te terminan de potenciar en todas las áreas, y eso es lo que me ha permitido conectarme más tanto con mis familiares como con las cosas que hago”, detalló, sin un ápice de sobra, en la forma auténtica de su ser.

Andreutti no se olvida de su gente

Si hacia arriba ve, es en un llamado a Dios. Bajar la mirada, es el paso previo a su mano al prójimo dar, porque en el repertorio de maneras que consigo exhibe, nada destaca más que la horizontalidad del ser. Por eso, la palabra ídolo cede su puesto al sentido de completa admiración, destacando a su padre, años atrás futbolista del Caracas Yamaha; para después en cuenta tomar los esfuerzos de una madre que luchó por educar a sus hijos, indicándoles qué dirección tomar en aras de arribar al lugar anhelado, cuando las personas encuentran al más completo de todos sus sentidos. Su hermana tiene un lugar especial, y queda puesto para Aníbal Solís, entrenador de niñez. Reluce nuevamente el nombre de Lino Alonso, inolvidable tigre que talento cazó.

En cada pelota que entrega, hay síntomas de perspicacia, cualidad que traslada al mundo fuera del balón, donde las finanzas se convierten en razones de reinvención. Sabe que nada es para siempre, aunque lleve 14 años viviendo bajo los efectos de su propio sueño. Pronto, todo será distinto.

“Siempre estaré ligado al fútbol, pero no puedo descartar otros horizontes. Me gustaría ser gerente deportivo, y por ello he trabajado en una vida ejecutiva, que llevo a la par con la profesional”, confesó, adentrándose al futuro con su mira del presente. El tiempo dirá qué pasó.

Se ha hidratado al minuto 27, pero sin importar la posición de sus agujas en el brazo izquierdo, no deja de saciar la inmensa sed que solo el arte y lo distinto pueden calmar. La oferta cultural del presente poco se parece a la de otrora, pero siempre habrá un lugar que sirva para cargar energías. Ha dictado talleres, conferencias y ofrecido palabras que dan vida al más hermoso de todos los hechos: compartir. Que el siguiente lo haga mejor que el anterior, es su premisa. Por ello, trabaja en pro de un mañana mejorado, sin dejar de pensar que, cuando su batuta esté en otras manos, aquello represente que todo mejorará aún más. Entusiasta, en eso todo se resume.

Andreutti nunca deja de creer en sí mismo

Claudio asesina a Hamlet. Don Quijote lucha contra molinos de viento. Zapato 3 triunfa con La Última Cruzada. No hay reggearon, ni rastro de sus derivados. Y sin embargo, diría Sabina, el camino y sus circunstancias no cambian los sueños del atleta con verbo completo. Ricardo, nombre de monarca, quiere ser campeón. Puede lograrlo, pero en caso de no, ya lo es.