Contra viento y marea, el básquet lo volvió a hacer

Informativo TLT

Por: German Augusto Cartaya | @LaTeleTuya

“La victoria tiene cien padres, y la derrota es huérfana”, fue una frase que inmortalizó el Emperador francés Napoleón Bonaparte a comienzos del siglo XIX, y que aplica a todas las aristas de la cotidianidad, incluso en el deporte.

Hoy Venezuela celebra, una vez más, la clasificación de nuestro país a un Mundial de Baloncesto, tras la labor heroica de un grupo de jugadores comprometidos, dispuestos a hacer historia, y que no se cansan de brindar alegrías. Una tras otra.

Luego de la derrota dominical de Uruguay ante Estados Unidos, el quinteto nacional aseguró su pase matemático a China 2019, independientemente de lo que haya pasado este lunes ante Islas Vírgenes, y con dos fechas sobrantes que serán en febrero, visitando a República Dominicana y Canadá.

Venezuela asistirá a su cuarto mundial de mayores, después de haber participado en Argentina 1990 (Jesús Cordovez como Director Técnico), Indianápolis 2002 (James Calvin) y Japón 2006 (Néstor Salazar). A esto hay que agregarle tres mundiales juveniles, es decir, siete citas universales en total.

Generación dorada

La Vinotinto del tabloncillo ha coronado, sin duda, lo que pudiera considerarse la generación más exitosa de la disciplina en su historia, por la cantidad de logros consecutivos, y sobre todo por haber adoptado una filosofía colectiva digna de admirar. El equipo defiende con consistencia, como nunca antes lo hizo, y se olvidó de los individualismos en cancha porque entendió que ahí está la clave del éxito.

Si es el grupo más talentoso que hemos tenido, siempre habrá debate, y con razón, con los Héroes de Portland. Pero lo que está claro es que los números hablan por sí solos de este conjunto: Dos títulos Suramericanos, Campeones de América, un repechaje preolímpico, participación en Juegos Olímpicos y ahora presencia en un Mundial. Ningún otro núcleo logró tanto.

Ahora bien, pese a que los procesos en categorías menores han tenido poco desarrollo en la última década, hay que destacar que en la selección de mayores sí hubo continuidad y todos los directores técnicos que han pasado por el cargo tienen su cuota de responsabilidad, como recordó el colega Freddy Chavier.

Néstor Salazar entre 2007 y 2010 llevó a la selección a José Vargas, Gregory Vargas, David Cubillán, Gregory Echenique, Luis Bethelmy. Posteriormente el estadounidense Eric Musselman incluyó a Néstor Colmenares, Heissler Guillent, Windi Graterol, Dwight Lewis y Jhornan Zamora. Más tarde, la era dorada de Néstor “Che” García potenció este equipo y le dio protagonismo a jugadores atléticos como Anthony Pérez, Miguel Ruiz, César García y Javinger Vargas. Y ahora su compatriota Fernando Duró, se ha valido de esta base, pero también le ha otorgado minutos valiosos a piezas obreras como Pedro Chourio, Elder Giménez, Yohanner Sifontes o José Materán, por nombrar cuatro.

El trabajo ha estado dentro y fuera de la cancha, con mucho mérito y pundonor, con buena planificación de parte de la federación saliente, y un gran cuerpo técnico y multidisciplinario, que se ha olvidado de las vicisitudes y ha transformado la adversidad en resultados.

 Los cien padres

Y comencé el texto con la frase de Napoleón, porque seguramente van a aparecer dirigentes y no dirigentes hablando del éxito estructural de nuestro básquet y del porqué de la clasificación. Pues las razones reales de este pase al Mundial son sencillas: talento, compromiso colectivo y garra, mucha, mucha garra (por no decir otra palabra).

En una de tantas entrevistas que le hicimos a Néstor “Che” García, hubo una antes de los Juegos Olímpicos Río 2016, donde me soltó una frase que me marcó: “Yo tengo que agradecerles a todas las madres de estos muchachos por haberlos criado con unos cojones enormes. El día que yo tenga que ir a una guerra y me digan, a quién te llevás, yo digo, sin pensarlo: me los llevo a todos estos”.

Porque la estructura, a decir verdad, no ha acompañado a estos guerreros del todo. El proceso eliminatorio comenzó sin poder contar, por ejemplo, con los jugadores que militaban en el exterior porque no había dinero para los pasajes. Después, hubo una hecatombe dirigencial en la lucha por el trono -con tribunales incluidos-, confusa para la mayoría, y que al final entendieron muy pocos.

La nueva federación no llegó al poder de la manera más idónea, leal y legítima -y con legitimidad me refiero, a un sistema aprobado por todos los involucrados-, y se está llevando honores de una planificación que armó otro; pues la elección del director técnico, la organización de las Eliminatorias y de todas las selecciones nacionales lo hizo la anterior directiva. Y mérito a Guaros de Lara también, que de no ser por su empeño de mantener el equipo activo todo el año (la base de la selección juega ahí, más el técnico), el grupo tuviera un fogueo casi inexistente, por no decir, nulo. Es hora de que empiecen a notarse entonces los méritos propios.

Desde que hubo cambio de mando, hace ya más de seis meses, se han armado selecciones nacionales improvisadas en el resto de las categorías y hemos tenido actuaciones para el olvido, las asociaciones estadales no dejan de quejarse por la ausencia de que el ente principal los auxilie, los jugadores han tenido que protestar por retrasos en el inicio de los entrenamientos o por falta de viáticos, y hasta el entrenador Fernando Duró ha tenido moras en el pago de su salario.

El argumento ha sido la falta de recursos en la federación o retrasos de parte de MinDeporte, pero recuerdo que por esas mismas explicaciones fustigaban a quienes tenían el mando anteriormente. Ojalá se hayan dado cuenta que la cuestión no era llegar y ya.

El básquet en Venezuela tiene más de seis meses en un virtual “paro” y no se sabe aún de alguna propuesta coherente a corto plazo. Aquí sólo se ha jugado la Liga Profesional, a trancas y barrancas. No se disputó la Liga Nacional Juvenil. Se eliminó la Liga Nacional. Ningún equipo venezolano participó en la Liga Sudamericana de Clubes y Guaros jugará Liga de las Américas, bueno, porque el propio club se lo ha ganado a pulso.

Todos estamos felices de que Venezuela vaya al Mundial, estos muchachos se lo merecen, y el país lo necesita. Pero es hora de que la media y alta dirigencia no eche por la borda lo ya conseguido, y le otorgue al grupo, y a los que vienen, el trato que se merece y empiece a ordenar, por favor, el convulsionado 2018. Porque si eso no sucede, en el 2019 nos vamos a arrepentir de haber clasificado.