Ciudad Ojeda, ciudad de sueños y esperanzas

Melvin Bravo

Fueron 22 las primeras casas que conformaron las cuadras fundacionales de la que hoy se ha convertido en la tercera ciudad más importante del estado Zulia. Ciudad Ojeda, de ser originalmente un decreto de incierto porvenir, se convirtió en la capital del Distrito lagunillas, al dividirse el extenso distrito Bolívar del estado Zulia, que abarcaba en casi su totalidad la costa oriental del lago de Maracaibo con su rica zona petrolera. Hoy es la capital del municipio Lagunillas al decretarse estos como entidades autónomas.

Una apacible población que ha sido un sueño para muchos, la tierra prometida para algunos y un lugar donde todos los que la eligieron como destino final, sembraron sus esperanzas. En 1937, el presidente de entonces, Eleazar López Contreras, decreta la construcción de una ciudad que albergara a los habitantes de la población de Lagunillas de Agua, la cual estaba en permanente peligro debido al fenómeno conocido como subsidencia, que ocurre cuando se genera un progresivo hundimiento de la superficie terrestre, bien sea por el movimiento de las placas tectónicas, o por el asentamiento del terreno, a menudo acelerado por la acción humana, como es el caso de las cuencas petroleras.

El decreto de creación de la ciudad publicado en Gaceta Oficial No. 19.166 es claro en sus razones: La ubicación de la población de Lagunillas de Aguaconstituía un peligro inminente para la salud y la vida de sus pobladores, debido a que, por el hundimiento gradual del terreno donde ella estaba localizada no se podían edificar obras de carácter permanente, las casas de los habitantes debían ser reconstruidas periódicamente, por los materiales con que eran edificadas, las casas estaban expuestas a frecuentes incendios y eran poco higiénicas. “Procédase inmediatamente a ejecutar en el sitio ya elegido, las obras necesarias para reemplazar a la actual Lagunillas.”

La preocupación mayor que apremiaba el traslado de esos pobladores de Lagunillas de agua a otro emplazamiento, sucedió cuando menos se espera. La noche del 13 de noviembre del año 1939, los palafitos que conformaban la población original de Lagunillas de Agua, fueron destruidos por un incendio generado en un bar, cuando una mujer encendió una lámpara de gas para iluminar el negocio y al hacerlo el fuego quemó sus manos, llevándola a lanzar el artefacto al agua, contaminada con el petróleo producto de un derrame ocurrido días antes.

Luego del incendio, algunas familias damnificadas fueron trasladadas a la nueva ciudad, lo que ocurrió en la madrugada del 14 de noviembre. La población de la ciudad estará conformada originalmente por venezolanos venidos de otras regiones, atraídos por la riqueza petrolera. Después dela ocupación de la ciudad, la Plaza Alonso de Ojeda se convierte en el centro de su trazado original. Su forma circular dibuja una redoma en la que desembocan actualmente las principales Avenidas: Bolívar, Rivas, Miranda, Lara, Alonso de Ojeda, Zulia y Falcón. Dos círculos concéntricos a la plaza conforman las calles Páez y Sucre, y en un tercer nivel las líneas rompen la circularidad al conectarse con las carreteras diseñadas por las empresas petroleras, quedando la ciudad “atrapada” entre las diagonales del espacio diseñado por las compañías petroleras y el crecimiento posterior, que se hace obedeciendo a una anárquica cuadrícula.

El gentilicio de Ciudad Ojeda es producto de la mezcla entre venezolanos e inmigrantes de otras latitudes, producto de la segunda post guerra,quienes llegan en búsqueda de quietud y necesidad de cohabitar humana y socialmente en una patria sustituta. En poco tiempo Ojeda se hizo refugio de más de diez mil italianos, quienes se entregaron con afán emprendedor a trabajar para convertirse en constructores de talleres industriales en diferentes ramas de servicios conexas con las actividades petroleras y en los mejores urbanizadores, lo que redunda en el surgimiento de elevadas y modernas edificaciones. Después de 1946, Ciudad Ojeda asume aires de metrópoli, incluyendo cambios progresistas en su desarrollo inmobiliario, convirtiéndose de un triste poblado alumbrado con bombillos de agonizante luz amarilla, en una deslumbrante ciudad de neón.