Bárbara Criollo piensa exportar su talento

Miguel Santana

Zinedine Zidane acaba de paralizar al mundo con un golazo que dejó en ridículo a toda la defensa de España. Carles Puyol está tendido en el suelo, sin efecto y silencioso. Pasa todo esto mientras una niña presencia la victoria de Francia por 3-1 en octavos de final del Mundial Alemania 2006. Ella se llama Bárbara y tras ver a su hermano José jugando fútbol, ha tomado una decisión que su vida cambiará. Es bailarina de danza rítmica, pero el verdadero ritmo, está en la cancha.

No es sencillo encontrar a una futbolista venezolana con deseos de brillar lejos de cada en pleno nuevo milenio. Generalmente, las pequeñas de esta época se dedican a otras cosas, pero queda claro que algo está por cambiar. Nadie en la familia Criollo Carrasquilla sabe sobre su adoración por una pasión que crece sin frenos, porque a medida que pasa el tiempo, domina el balón con total perfección.

Es bailarina de danza rítmica, pero descubrió que su verdadero ritmo, está en la cancha.

Tiene solo cinco años y va caminando a la cancha para jugar al lado de pequeños hombres. Forma parte de la Academia Pirelli y no le da miedo que la marquen fuerte. Ella es parte del grupo y su nivel le hace ganarse el respeto de los demás. Va avanzando, a medida que demuestra firmeza en tenencia y precisión al pasar la pelota. Se ve que algo tiene, aunque todavía muchos no sepan de qué hablamos.

Pero, resulta que, mientras va hacia adelante, recibe una mala noticia: su escuela cerró. Las ilusiones de una futbolista con potencial se desvanecieron, pero su optimismo es tan grande, que jamás ha considerado claudicar. Por eso, hace gala de sus habilidades para nadar, ser una buena karateca, ganar en ping pong y brillar corriendo sobre la pista. Es demasiado inquieta para estar en casa, así que su gente la deja ser.

Su optimismo por estar en el fútbol núnca caducó

Transcurre aquello mientras José ya juega en la Sub.20 del Carabobo y un día charla con Lino Alonso. “¿Es verdad que tú tienes una hermana muy buena? ¿La puedes traer para verla?”, rugió el tigre en sus palabras de hombre sabio, a lo que el joven guardavalla respondió con un rotundo sí. Era cuestión de hablar con Janeth, la madre, para dar el ok definitivo y que así, acudiera a la llamada hecha.

“De una vez quedé para estar en el Carabobo A, que era un equipo que competía a nivel nacional, conformado por las mejores jugadoras del estado. Fue una bonita época, hasta que llegó el profesor Javier Contador, encargado de la Selección de Fútbol de Salón y me vio. Como eran dos deportes diferentes y dos federaciones distintas, podía hacer vida en ambos. Representar al lugar donde crecí siempre ha sido un orgullo para mí, así que me esforzaba para darlo todo en ambas disciplinas”, dijo la atleta. 

Dio sus primeros pasos en el fútbol de sala

Goles aquí y pases allá, se desenvolvía como pez en agua. Disputar los Juegos Nacionales fue algo inolvidable en su retina, tanto como aquel subcampeonato alcanzado en 2011, hace casi nada, si en cuenta no tenemos los efectos del incesante tiempo. Sin embargo, todo inicio tiene una conclusión, así que tomó rumbo a las costas carabobeñas, para ser parte del naciente proyecto Academia Puerto Cabello. Su misión: anotar goles en defensa de la causa porteña, demostrando que en la tierra del Cabriales sobra talento para brillar por doquier.

“Ahí comencé a hacerme un nombre dentro del fútbol campo, hasta que se me dio la oportunidad de irme al Caracas Fútbol Club, una institución de mucho prestigio. Me mudé a la capital y decidí que esto era lo que quería para mí. Estuve tres años, siendo subcampeona en fútbol sala y campo, compartiendo al lado de grandes profesionales, como Oriana Altuve, Marialba Zambrano, Andrea Tovar y Lisbeth Bandres”, recordó con aprecio.

Bárbara tuvo la oportunidad de jugar para un club grande como el Caracas FC

Diversas circunstancias personales la obligaron a hacer lo que las buenas hijas: volver a casa, esta vez a replantearse el esquema de su vida, pero siempre imantada por su fiel compañera, la caprichosa y a veces desleal pelota. Estando sin hacer nada, fue llamada por un entrenador para particular en unos juegos universitarios, generando como consecuencia ser vista por alguien que se enamoró de su precisión en zona medular, llegando a sus manos una oferta.

“Me ve una entrenadora del Zulia Fútbol Club y de inmediato, pide que me vaya a Maracaibo, para sumarme al club. Necesitaba una volante con mis características y como nunca me he cerrado a ninguna opción, entonces volví a cambiar de entorno. Conformamos un equipo joven, que no pudo trascender de fase, pero en el cual acumulé experiencias que me hicieron crecer”, agregó. 

Otra gran oportunidad se le presentó a Bárbara, esta vez en el Zulia

Y tanto sirvió esa pasantía, que en 2019 volvió al lugar que tanto amó: Caracas, pero ahora vestida con el uniforme de Estudiantes, para esta vez sí alcanzar lo que por mucho tiempo se le había hecho esquivo: el título de campeona, incluso anotando un decisivo gol contra Gran Valencia, para acceder a instancias relevantes, siendo esta la mejor historia que hasta ahora ha podido escribir.

“Ser campeona e ir a la Copa Libertadores de América es una sensación indescriptible. Sé que todavía son muchas las cosas que quiero hacer, entre las que está jugar en el exterior, pero todo llegará en su debido momento”, destacó, tomando en cuenta que su talento pronto se internacionalizará.

Su decisivo gol en el torneo le dio la oportunidad de estar en una Copa Libertadores

Más que una soñadora, Bárbara Criollo todos los días trabaja con el firme propósito de alcanzar cada meta propuesta. Ha probado las mieles del éxito y también, se ha encontrado en el lado más oscuro de la historia, como creyendo que llegó el momento de decirle adiós al campo. Cuando eso pasa, recuerda que nació para grande ser y entonces, vuelve a intentarlo. El fútbol le ha dado tantas alegrías como vivencias, pero lo mejor vendrá con el pasar de las agujas que mira frecuentemente. Zidane y Puyol están retirados, pero ella los sigue adorando.