10 párrafos para el 10

Miguel Santana

Hay que duplicar los cinco días de ausencia, para llegar de alguna manera al 10. Tenía razón Eduardo Galeano al decir que Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso y fanfarrón, que debió sentir los efectos de la exitoína, una droga más devastadora que la cocaína, aunque no lo delaten los análisis de sangre, ni de orina. Todo es verdad.

Pero, ¿Cómo explicar que el más humano de todos los dioses, vivió también entre las miserias que nos hacen prisioneros en la jaula de nuestra culpa y a su vez, abrió puertas para liberar millones de alegrías en todo un mundo? Porque Diego no fue solamente al artillero que derrumbó intenciones de conquista inglesa en México 1986, con dos bombas en forma de goles, uno con su mano y otro con su arte. Maradona alcanzó a ser el símbolo de un país a medida que fue subiendo, bajando y a veces, solo siendo. Es el argentino común, y es el ciudadano normal.

Juzgar a una persona desde sus hechos, pero sin si quiera a fondo conocer sus razones, sabe a nada. No debe haber algo más difícil que perder lo más preciado que alguien debe cuidar: su libertad. Ser Diego Armando Maradona significa estar en cualquier rincón, como símbolo de vida e inexplicable razón de ser. Porque el fútbol y las mujeres se explican desde lo que sientes y no en lo que debe ser. Lo amarán porque nació para ser amado y lo odiarán, porque frente a la luz, siempre habrá sombra. Así pasa con todo aquello que solo exista.

Yo quiero que Maradona sea lo que vi: el tipo que a miles de amigos les presentó la diferencia entre jugar bien y hacer magia, la figura descollante que se lució en cuatro mundiales, el hombre que cargó con la historia de un país a cuestas y siempre fue tan culpable como responsable en éxitos y fracasos. Lo veo como el ser sin paz, empujado en el camino de la obligación a ser correcto y ejemplo para quienes no son ni una cosa, ni otra. Porque así funciona el mundo de quienes se apoderan de la verdad, así transiten cada sendero entre mentiras y excusas que validen conductas inapropiadas, exigiendo lo que nunca en la vida podrán ofrecer.

Pero, el fútbol transita en la dinámica de lo incomprendido y entonces, vale más ser querido que otra cosa. Solemos pensar que hablar bien de alguien, es expresarse mal sobre su detractor. Es obligado odiar al rival cuando asumes una corriente como propia, y en un mundo hecho a base de cristal, cualquier aseveración, por más simple que sea, es tomada como un ataque directo al corazón. Por eso, nunca habrá convergencia de opiniones en la vida de alguien que fue tan grande como sencillo. Tuvo también cinco sentidos. Fue también humano.

Recuerdo simpatizar con el técnico que, al frente del seleccionado argentino, clasificó al Mundial de Sudáfrica, en 2010. Me hacen ruido aquellas palabras sobre el final de un encuentro disputado en Montevideo, con Argentina venciendo 0-1 a Uruguay y clasificando de forma directa a la cita mundialista. “Y a los que no creyeron, que la sigan mamando, de parte de Diego Armando Maradona”, expresó, sacando desde lo más profundo el sentimiento de un guerrero herido, apuntado y señalado como razón de un hecho que jamás tuvo espacio. Era negro o blanco, con memoria de elefante atrapado en un charco mientras lucha por vivir. Los suyos eran intocables y los que no, referencias de nihilismo puro.

¿Y así no somos? ¿Y de esa manera no nos comportamos en nuestra interna conversación, cuando somos cuestionados entre posibilidades de trascender logrando algo? Pero es necesario entender: todo tiene un motivo. Cada vez serán más los que quieran galopar en el primer puesto del camino competitivo, porque el fútbol se parece demasiado a la vida: cambia de un momento a otro, sin avisarte y esperando que estés siempre preparado en tal sentido.

A Diego lo lloran los grandes, recibe homenajes en cualquier rincón del globo terráqueo y sin temor a equivocarme, con el permiso de mi admirado Gustavo Cerati, la relevancia histórica de Carlos Gardel y las lágrimas derramadas por Juan Domingo y Evita Perón, la muerte más sentida en cada lugar argentino. En cada portada está, en cada estación se habla de él y en cada mesa, las tazas son testigos de peleas por alguien que ahora, camina entre las estrellas y el gran sol.

Todo seguirá, porque así tiene que ser. La pelota seguirá rodando en cada continente, y mientras algunos se esfuercen en encontrar al nombre propio llamado a sustituir a quien hoy leyenda es, las propias formas del juego sin fin, determinarán que nadie se parece a nadie y nos enseñarán a valorar mucho más.

Lo vamos a extrañar, porque siempre queremos hablar de aquellas cosas que algo en nosotros generan y Maradona, será de por vida, factor de impulso comunicativo en largas horas, defendiendo y atacando. Es, desde mi ventana, el mejor futbolista que el mundo haya podido ver. Usted diga lo que quiera, porque tiene derecho a hacerlo, así como yo deseo homenajearlo en estas sencillas letras, plasmadas en 10 párrafos, para el mejor 10 que este mundo disfrutó.