10 características para identificar a un buen narrador de fútbol

Carlos Domingues

En estos días de retos y otras nimiedades en redes sociales, resultado elocuente del confinamiento obligatorio producto del COVID-19, surgió un debate que me llamó poderosamente la atención y es el que tiene que ver con ciertas preferencias. Específicamente, las relacionadas a los narradores de fútbol.

Me costó Dios y su ayuda asumir que hoy día esa es mi ocupación. Soy de profesión internacionalista y en principio creía que una cosa no tenía que ver con la otra, pero el tiempo me reveló que sí tiene relación y mucha. Aún me cuesta asumir que soy narrador de fútbol porque principalmente me considero un consumidor de fútbol. Nunca lo he dejado de ser y como tal, puedo ver la labor del relator desde el punto de vista de quien la ejerce y quien la observa.

Profesionales dedicados al fútbol

La observo porque si bien relato lo que ocurre en la cancha para radio o televisión, también miro y escucho mucho fútbol. Desde esa perspectiva, puedo tener una visión crítica que la experiencia (la tan antipática y muchas veces poco humilde experiencia) brindada por 15 años y más de 1000 partidos (no es un riego de arrogancia esto) me permite, a partir de mis gustos y criterios, evaluar (me) a (como) un narrador de fútbol.

Hay que aclarar algo de entrada: todo lo que sea un diagnóstico o evaluación de algo que dependa de los gustos, de la subjetividad y de la diversidad, tiene una pata coja, adolece siempre de fidelidad y no es un tótem. Aquí no hay metodología científica que valga. Por eso, lo que yo pueda evaluar como “un buen narrador de fútbol” dependerá de la credibilidad que usted como lector, le tenga a mí ocupación como eso, como narrador de fútbol.

Aclarado el punto, volvamos al debate, no de quién es o ha sido el mejor narrador de fútbol en Venezuela, porque recordamos lo subjetivo que es esto (es como debatir cuál es la mejor banda de rock u orquesta de salsa, cuál es el mejor futbolista del mundo, o temas similares que nunca terminarán en una respuesta consensuada) sino cuáles son los criterios que para mí, deben privar para determinar si un narrador es bueno o no.

Desde Lázaro Candal, pasando por Paco Varela, Pedro Zárraga, Turi Agüero, Luis Manuel Fernández, Manolo Dávila, Felo Jiménez, Chuy Pineda, Noel Pabón, Rodolfo Sarmiento, Kike Rosales,  hasta llegar a Álex Candal, Carlos Mauricio Ramírez, Juan Andrés Daza, Enzo Villano, Richard Méndez, Erasmo Provenza, Jesús Eduardo Acosta, Edgardo Márquez… (si a otro no he nombrado no es menosprecio sino puro descuido) De la vieja guardia, de los nuevos. Todos excelentes relatores con estilos y características completamente diferentes. ¿Le sirve a usted, amigo lector, si le doy 10 claves o items para comparar y determinar cuál puede ser para usted el mejor? Vamos…

  1. Profesionalización: Unos párrafos atrás les dije que me costó mucho encontrar la relación entre mi profesión (internacionalista) y mi ocupación. Pues sí, ahora me doy cuenta que me ha sido de mucho provecho haber estudiado una carrera universitaria que me aportó conocimientos de nacionalidades, historia, geografía y otros aspectos que hoy día me son útiles al momento de narrar, porque te amplía el abanico de recursos que puedes utilizar para alimentar el relato en una transmisión. Y así con periodistas, economistas, historiadores, administradores… Siempre hay algo que se aprende en la escolaridad y la academia que va a servir en la narración.
  2. Cultura general: Partiendo de lo anterior, hay casos en que el buen narrador no tiene necesariamente que tener una profesión universitaria, pero maneja ampliamente la cultura general. El buen narrador está informado, estudia la actualidad y todo el entorno que rodea el mundo del fútbol. No hay nada peor que darse por desentendido en una situación frente al micrófono en la que debas demostrar conocimientos generales. Basta con leer las noticias diarias, cultivar el hábito de la buena lectura y dedicarle tiempo al estudio. Recordar que somos comunicadores y a quienes nos ven o escuchan, nos debemos.
  3. Capacidad de transmitir emociones: Relatar lo que ocurre en la cancha es informar nada más. Si el narrador es capaz de captar la atención de quien le escucha los noventa minutos, de contagiarle toda la adrenalina que se vive en el campo de juego con sus emociones, es de los buenos. Sin gritar, sin pasiones desmedidas, con el control necesario.
  4.  Capacidad de improvisar: Un buen narrador es diferente al resto por elementos puntuales. La improvisación es uno, entendida ésta como la concepción y ejecución de una idea en el mismo tiempo; es esa capacidad para decir algo distinto siempre. El buen narrador suprime los automatismos y apela a la retórica improvisada para darle una descripción distinta y diferente a cada jugada o momento del fútbol. Saber decir algo interesante y nuevo en ese momento.
  5. Habilidad en la descripción: En este asunto se diferencia un narrador de TV (que no tiene necesidad de describirlo todo porque se apoya en la imagen) y el de radio que no puede dejar espacios en blanco y debe trasladar al escucha hasta el campo de juego para “que lo vea por los oídos”. Ser el más rápido no le hace el más bueno. La habilidad es poder describir lo que pasa con precisión, anticipándose incluso a lo que pueda ocurrir con inminencia. Utilizar el lenguaje preciso con el ritmo y timing adecuado.
  6.  Excelente dicción y pronunciación: De nada servirá a un narrador ser carismático si no pronuncia bien las palabras o no se le entiende lo que dice. Así de claro. Por eso es precisa la profesionalización, porque esto también se aprende, se ejercita y se mejora en la academia (locutores y comunicadores sociales). El buen trato del idioma es clave, recordando que el narrador es un comunicador que transmite mensaje a las masas.
  7. Estilo definido: Es el aspecto más subjetivo de todos pero el que marcará la diferencia con el resto de narradores. A mí criterio, los buenos relatores combinan diferentes estilos en la medida que lo requiera la transmisión. Jocoso, sobrio, rápido, intenso… Lo importante es saber identificar la palabra, el tono o la expresión adecuada en el momento indicado. Sin ser vulgar, un narrador sobrio puede apelar a una frase que cause gracia y rompa la monotonía del relato, por ejemplo. El tiempo y la experiencia suelen ser los elementos esenciales para definir el estilo.
  8. Carisma: Esa capacidad de generar atención. Es algo innato, difícil de aprender pero sí ejercitable. Es esa cualidad natural que tiene el narrador para atraer al oyente por su palabra y su personalidad. Va directamente relacionado con el manejo de las emociones.

La preparación es fundamental

9. Habilidad en el manejo de los tiempos: El narrador debe saber manejar su ritmo y el uso de la voz dependiendo del momento que se viva en el campo de juego. Es decir, una salida defensiva debe diferenciarse de una jugada de ataque en el manejo de la emotividad del relato, por ejemplo. El ritmo del partido lo lleva el narrador con su voz. Se convierte en una especie de moderador de la transmisión.

10. Ir más allá de la narración: Todos estos recursos sirven para que el narrador esté en la capacidad de aportar algo más que el simple relato de lo que ocurre en el terreno a quien lo escucha. El espectador hoy es más exigente y ante esa demanda, el narrador, como todo profesional, debe prepararse para ello. Hay que tener presente que siempre hay alguien que está escuchando que sabe tanto o más que quien está narrando. Ese aspecto obliga a que el narrador esté preparado siempre para aportar algo más con su preparación y conocimiento.

Enumerados estos criterios, queda a disposición del espectador (y usted, amigo lector) identificar, partiendo de los mismos, quién es el mejor narrador de Venezuela.